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El maestro del gran público

 Bruno Pardo Porto
@brunopardoo

No recuerdo cuándo fue la primera vez que vi una película. Yo solo sé que nunca ha sido raro para mí entrar en un cine ¿Qué hay de raro en él? Pagas, te dan un cartón con un título, y entras en la sala que te indican. Y allí estás tú, en medio de una oscuridad llena de butacas, buscando tu lugar en ese nuevo mundo. Entonces encuentras tu asiento y desapareces de la faz de la tierra. Tú quieres creer que no te has movido, pero lo que sucede mientras el metraje gira en el proyector es algo inexplicable que va más allá de cualquier otra experiencia. Luces y sombras, potentes melodías, imágenes que entran en ti y no desaparecen.

Decía Tarkovsky que el hombre va al cine por el tiempo perdido. Yo creo que todos hemos viajado al pasado a veinticuatro fotogramas por segundo y nos hemos sumergido en una vida ajena. El celuloide nos ha permitido recrear y vivir épocas pasadas; permite a los directores convertirse en maestros del gran público. Porque lo más interesante del séptimo arte es que llega a todo el mundo, nadie escapa de su influencia.

Y así, para bien o para mal, el cine nos influye. El cine histórico, mediante sus imágenes y sus metáforas visuales, nos ayuda a entender qué fue el pasado. No nos da un saber redondo, ni mucho menos. No es eso lo que pretende. Transmite más sensaciones que datos, y esa es su virtud. Para entender esto sólo tenemos que pensar en el desembarco de Normandía: ¿Alguien puede despegarse de Salvar al soldado Ryan? Nadie que haya visto esa película consigue olvidar cómo el director nos introdujo en la Segunda Guerra Mundial con uno de los comienzos más impactantes de la historia del cine. Con Spielberg entendimos cómo de dura, sucia y sangrienta era la guerra. Y en este sentido, Steven fue nuestro mentor.

Fotograma de "Salvar al soldado Ryan"

¿Y la guerra de Vietnam? ¿Qué habría sido de ella sin Apocalypse Now? Y como bien dijo su director, “mi película no trata sobre Vietnam, es Vietnam”. Gracias a esta y a muchas otras obras entendimos qué supuso este conflicto bélico para los americanos.

El cine acerca la historia a la calle y la pone en boca de todos. Cuando un director hace un filme histórico tiene una responsabilidad con el público, porque esos espectadores se adentran en una sala oscura para ver algo que fue, en cierta medida, real. Quieren disfrutar con una buena trama, pero también desean saber cómo era la época en la que esta se desarrolla. A fin de cuentas, a todos nos gusta aprender algo nuevo. Por eso la tarea del realizador es tan difícil: él tiene que conciliar su libertad artística con la realidad. Y además tiene que entretener, ilustrar y ser rentable. No es una tarea al alcance de cualquiera.

Rodaje de "Gladiator"

Que las películas no siempre son fieles a la historia, pero siempre están condicionadas por cierto punto de vista es un hecho. Que pueden manipular la memoria histórica también lo es. Pero lo mismo ocurre muchas veces con la novela de época o incluso con algunos libros de divulgación. Exigirle la perfección al cine es una quimera. Debemos entender que es un medio distinto, con reglas distintas, que aporta más verdades metafóricas que literales.

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