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Diez años haciendo lo mismo de forma brillante

Jorge Velasco Fernández
@JorgeVF88

La venganza, ese es el tema por excelencia de la mayoría de las películas que el director norteamericano Quentin Tarantino. El cineasta parece haberse asentado ya como un gran narrador de historias. Cada trabajo realizado es un éxito. Quedan lejos sus primeros e interesantes filmes: Reservoir Dogs (1992), Pulp Fiction (1994) incluso Jackie Brown (1998). Cada uno muy diferente en cuanto a temática, pero de un género muy parecido; historias cruzadas sobre gánsteres y gente de poca monta que vive cómodamente en Los Ángeles. Así comenzó la fragua del éxito de Tarantino.

Pero con su cuarta película, Kill Bill vol.1 (2003) todo comienza a cambiar. Quentin parece asentarse en un mismo tema, explotado durante más de 10 años en diversos géneros: acción, spaghetti western, bélico… Todo comenzó a fraguarse al finalizar el rodaje de Pulp Fiction. Tarantino y la actriz Uma Thurman comenzaron a elaborar el papel que la relanzó al estrellato, La Novia en Kill Bill. Diez años se estuvo preparando esta cuarta película y se nota, pues la calidad en todos los aspectos es notoria, pese a no haber recibido ningún premio o reconocimiento por parte de la Academia norteamericana.

Uma Thurman en "Kill Bill"

La historia de venganza de una novia que ha perdido a su hija todavía en el vientre, en contra de su antigua banda de asesinos comandada por el viejo Bill, al que dio vida el hombre Kung Fu (David Carradine), que en paz descanse, repartida en dos partes, es brillante, probablemente el mejor trabajo hasta el momento de Tarantino. Mezcló acción, comedia, western, catanas, y drama, el que vive la protagonista interiormente y que desborda al final de la historia cuando recupera a su pequeña BB y huye con ella. Los diálogos son magníficos, las coreografías en las escenas de acción impecables y llenas de homenajes al cine clásico y de serie B (el que tanto devora y gusta al director americano). La música es tomada en gran parte de Ennio Morricone, dando mucho más prestigio a la pieza, pues siempre habrá un buen fondo sonoro a la historia que narra Quentin.

Sin embargo, todo lo que viene a continuación en la carrera cinematográfica del chico de oro de Hollywood no es más que repetición de un mismo esquema. Pueden reprocharme que son trabajos igual de buenos o más, según vean. Personalmente, no lo creo por lo siguiente: Tarantino tiene como tema principal la venganza, sobre todo a partir de Kill Bill, pero el autor nos lleva más de diez años narrando la misma película en distintos géneros, con otros personajes y localizaciones y con una música adecuada a cada trabajo, pero en el fondo lo mismo. No me canso de ver sus películas porque son maravillosas, pero lo que me hacen sentir cada vez que estoy ante la pantalla es el disgusto con Tarantino por no haber innovado.

Quentin Tarantino

Fijémonos en su siguiente película, Malditos Bastardos (2009), un drama bélico que tiene como protagonista a Shoshanna, interpretada de forma fantástica por la francesa Melanie Laurent. Aunque todos recuerdan mucho mejor al coronel Hans Landa, al que dio vida el actor Christoph Waltz, Shoshanna pierde todo lo que tenía al comienzo de la historia a manos del temible coronel, y ¿qué lleva a cabo? Una venganza terrible y muy bien planeada. Vayan atando cabos. Primero el tema, la venganza; luego el personaje, La Novia, Shoshanna; por último, momento de clímax, máxima acción y desfase al más puro estilo Tarantino. La escena de los 88 maníacos saliendo del restaurante a por Uma, o la escena del Teatro en Malditos Bastardos, dónde Brad Pitt y su tropa se dedican a reventar a todos los nazis allí presentes.

Escena del teatro en "Malditos bastardos"

Pero no es menos la siguiente película en la filmografía del director californiano, Django desencadenado (2012), otra historia de venganza en la que esta vez el protagonista es masculino, Django (Jamie Foxx), un tipo que busca salvar a su mujer de manos de un magnate del algodón, el señor Candy (Di Caprio), muy parecido al papel que hizo Waltz como Landa, y que en esta ocasión también participó en la cinta, pero en un papel distinto aunque interpretado con la misma pretensión que el anterior y que también le supuso un nuevo Oscar a mejor actor de reparto. Aquí el parecido con Kill Bill quizás sea más fácil de ver. Si a lo mencionado le añadimos la escena de tiroteo dentro de la mansión Candyland, ya tenemos prácticamente la misma resolución de los 88 maniácos. En fin, nada nuevo.

¿Por qué, pese a no innovar, nos sigue gustando el cine de Tarantino? Probablemente porque alberga en sí todo lo que define al séptimo arte. En sus películas hay de todo, se pasa por todos los géneros a lo largo de la trama y se homenajean clásicos del cine. Hay poesía, hay majestuosidad, hay locura, hay cordura, hay temple y derroche, pero todo es uno, todo es Quentin, todo es brillante. Por eso me da un poco de reparo y respeto hacia el propio director pensar que ya sólo le queda por hacer una buena comedia de enredo o un gran drama. Si lo hiciera quizás ya no tendríamos a Tarantino, pues él es sus trabajos, y en ellos siempre hay de todo un poco.

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