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La juventud. Sorrentino pretende más belleza de la que transmite

La juventud

Crítica de cine: La juventud

Ficha técnica

La juventudTítulo: La juventud

Director: Paolo Sorrentino

Guión: Paolo Sorrentino

Producción: Carlotta Calori, Francesca Cima, Nicola Giuliano

Dirección de fotografía: Luca Bigazzi

Reparto: Michael Caine (Fred Ballinger); Harvey Keitel (Mick Boyle); Alex Macqueen (Emisario de la Reina); Paul Dano (Jimmy Tree); Rachel Weisz (Lena Ballinger); Luna Zimic Mijovic (Masajista); Roly Serrano (Diego Armando Maradona); Madalina Diana Ghenea (Miss Universo)

Duración: 124 minutos

País: Italia, Francia, Suiza, Reino Unido

Año: 2015

Distribuye: Vértigo

Germán Esteban Espinosa


La nueva película de Paolo Sorrentino transpira estética y contemplación en su cartel. Exuda belleza y arte en sus anuncios. Transmite excelencia y garantía de entretenimiento en su reparto. Promete sensaciones placenteras para nuestro ego artístico en su promoción. Pero todo lo que sugiere lo echa a perder en la película, que falla y se queda en la mera pose, en la apariencia de estética, en el intento, en la fuerza de voluntad puesta al servicio de conseguir una película espectacularmente estética que, sin embargo, no llega a tener éxito.

Es sin duda contemplativa, porque es más lenta que un caracol con sequedad. Hay que verla con el mismo chip con el que contemplaríamos La Dolce Vita de Fellini, con paciencia, disfrutando de su fotografía, que es brillante, mucho mejor que muchas de las películas que ahora están en cine, y que permite que pese a rodarse muchas secuencias de noche y en digital, se aprecien perfectamente los diversos matices cromáticos de la escena.

Sin embargo, la composición escénica de La juventud no termina de deslumbrar. Se nota el esfuerzo estético del director en los planos dinámicos; en la manera en la que se centra en el movimiento semejante a las olas del mar que hacen las cortinas al flotar cuando el viento las sopla; se identifica en las composiciones simétricas, en la fijación en detalles contingentes por el mero hecho de que llaman la atención, haciendo un ejercicio de extrañamiento para que el espectador pueda atravesar la dimensión semántica de lo que ve para centrarse en la contemplación de su forma, transformando los significados materiales en significantes artísticos; pero fracasa en su intento.

La juventud
La juventud (2015) – Paolo Sorrentino – Michael Caine – Harvey Keitel

Tom Hooper en La chica danesa, sin necesidad de recurrir a ningún detalle ni llenar su película de reflexiones sobre la vida, es capaz de dejarnos boquiabiertos sin el uso de encuadres Cinemascope como Sorrentino o Tarantino. Cualquiera de sus fotogramas y planos generales nos deja aturdidos, no necesitamos ninguna formación para captar el arte inherente a sus cuadros. Sin embargo, en La Juventud tenemos la sensación de que el director, en vez de mostrarnos una obra de arte, nos explica su contenido.

En el nivel argumental, La juventud parece dirigida a un público próximo a la tercera edad, marchito quizá; o a lo mejor en medio de una crisis de senectud y viendo si su futuro se presenta como una oscura odisea cuyo fin es la muerte, o bien una nueva oportunidad para vivir una segunda o una tercera juventud. Para que el argumento sea creíble es necesaria la participación de esos grandes actores que pueblan el reparto, tanto los veteranos Michael Caine y Harvey Keitel como los menos experimentados Paul Dano y Rachel Weisz.

La juventud
La juventud (2015) – Paolo Sorrentino – Paul Dano – Harvey Keitel

Hay una actriz que resulta más que correcta en su papel y que parece un claro ejemplo de enamoramiento por parte del director. La bella Luna Zimic Mijovik ocupa numerosos planos sin tener absolutamente nada o muy poco que ver con el argumento, y sin embargo no nos cansamos de verla representar el símbolo de la juventud, más aún que el de la belleza representada por la espalda desnuda que presenta el cartel de la película.

La juventud tiene momentos brillantes, como el sueño de Caine en la Plaza de San Marcos de Viena, con el mar que comienza a elevarse; o los travellings circulares perfectamente realizados, o el magnífico momento de la visita de Hitler al hotel y el desquiciado videoclip de la cantante de pop ninfómana; pero también peca de pretenciosa, pues no consigue encantar tanto ni transmitir tanta belleza ni sensaciones estéticas como parece pretender el director.

Dato cinéfilo

Los cantantes, como la soprano Sumi Jo y la cantante de pop Paloma Faith, no son personajes de ficción, sino cantantes reales.

Continúa el camino...
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