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Blade Runner

Marta García Outón

"Blade Runner" (1982) - Ridley Scott

El cine, como referente cultural, por su capacidad de generar mitos y por su inmediatez en el lenguaje, se pude vincular fácilmente con la épica de la época clásica, ya que permite plantear argumentos, contenidos y problemas relacionados con el ser humano. Para Aristóteles, la imitación (mímesis) de la realidad, constituye parte de la esencia de la epopeya, por lo que el Séptimo Arte, podría decirse, constituye un referente moderno del relato clásico epopéyico.

La película de Blade Runner de Ridley Scott está basada en un libro de Philip K. Dick (¿Sueñan los replicantes con ovejas mecánicas?): es un relato cinematográfico cubierto por una atmósfera de cine negro, pero también plantea, como la epopeya, grandes cuestiones acerca de la existencia humana e importantes preguntas filosóficas; aunque se pueden encontrar rasgos diferenciadores.

Por un lado, en la epopeya siempre encontramos un pasado glorioso o un presente idealizado; sin embargo, la película nos traslada a un futuro distópico que nos lleva a vincularlo con el infierno, por ejemplo, en esas primeras imágenes con los rascacielos escupiendo fuego en una atmósfera oscura y contaminada; la estética que acompaña a la película fue planteada como predicción de un futuro lejano al contemplar los rápidos avances tecnológicos, no obstante, actualmente podríamos decir que ese mundo de ciencia ficción que nos presenta Blade Runner no se puede pensar como hipotético: la omnipresencia de la publicidad, una sociedad pluricultural, una arquitectura urbana, el vestuario… y además, la dominante presencia de la influencia oriental, son temas que preocupan actualmente tanto desde el sentido cultural como el económico. Frente a la Roma decadente, Los Ángeles de Blade Runner está también enfermo.

Ciudad de "Blade Runner"

La escenografía de Blade Runner está inspirada en los comics de Moebius y representa una alegoría de los hombres que habitan en esa urbe como desterrados, especiales. Es una ciudad donde ha desaparecido la ley, la ética, el orden; en definitiva: el espejo de la sociedad posmoderna.

En Blade Runner se ha acabado con la naturaleza y se ha recurrido a la robotización de los seres vivos y a la protección de los pocos animales y vegetales que quedan; aquí, la ciencia ha usurpado el papel de lo espiritual. Es decir, en el mundo de Philip K. Dick, la tecnocracia ha sustituido a Dios, una adaptación moderna del mito de Prometeo o el Dr. Frankenstein donde el hombre desafía a su Creador.

Además, frente al paradigma del héroe clásico, en Blade Runner tenemos como protagonista a un antihéroe. Rick Deckard (Harrison Ford) es un personaje incompleto, que se supedita a los demás y cuyas hazañas  no son más que atentados contra la vida trabajando como asesino, un blade runner; es un hombre solitario, hundido y fracasado. No obstante, a lo largo del relato, este antihéroe se pondrá en contacto con la dimensión metafísica y espiritual, donde el cazador se convierte en presa y encuentra su identidad.

Harrison Ford en "Blade Runner"

Rutger Hauer en "Blade Runner"Por otro lado, en la línea argumental de los replicantes, que sí viven una auténtica aventura de dimensiones épicas, Roy Batty (Rutger Hauer), el jefe del grupo de los replicantes, va, como hizo Eneas, en busca de una tierra prometida: él se constituye como la metáfora del interrogante acerca del ser; es, por tanto, el viaje de búsqueda de la identidad humana, un viaje hacia la muerte. Esta dimensión filosófica, de aquél que busca y se interroga, está constantemente presentado a lo largo de la película con la imagen del ojo: la película comienza con un primer plano de un ojo, el test de empatía que utilizan los blade runners para delatar a los replicantes (Voight-Kampff) analiza las reacciones de la pupila, el búho artificial que observa a Rick cuando entra en el despacho de Tyrell… elemento que quizás también podamos vincular con la idea de Dios omnipresente.

En Blade Runner, lo monstruoso, lo degradado, es aquello que está vinculado con el ser humano, quien ha perdido el sentido de la vida (los replicantes al final son más humanos que los humanos, seres perfectos, completos). La película de Ridley Scott plantea una serie de preguntas: ¿de dónde venimos? ¿por qué hemos de desaparecer? ¿cuál es el objetivo de nuestra existencia? Por eso, el personaje de Harrison Ford se presenta como ese individuo de la sociedad posmoderna, que en su viaje autodestructivo, finalmente encontrará el verdadero camino hacia el sentido más transcendente. Por eso, en la escena final vemos el sentido de la vida, la verdad plena, donde Roy Batty adquiere la plenitud ofreciendo su naturaleza humana (como Cristo) y así, alcanza el misterio, más allá del sufrimiento y en su monólogo sentencial, da su vida para salvar la de Dick Deckard, quien consigue conocer el verdadero significado de ser hombre. 

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1 Response

  1. como dato curioso, todas las imágenes de la ciudad fueron tomadas de la obra 2001 de Kubrick que le sobraron al amigo. También el edificio Bradbury está irreconocible y es una arquitectura mítica americana.

    A mí me encanta el título de Más humanos que los humanos que propone el profesor Juan José Muñoz en su obra de mismo título acerca de esta película.

    Buen comentario.

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