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Argo

Marta García Outón

“La vida es una obra de teatro que no permite ensayos…” dijo una vez Charlie Chaplin en un poema. No es exactamente lo que plantea Ben Affleck como director en su película Argo, aunque sí como solución a una cuestión de vida o muerte.  

En 1979, Teherán, un grupo de exaltados iraníes asaltó la embajada de Estados Unidos y tomó como rehenes a cincuenta y dos prisioneros; entre ellos, seis lograron huir y permanecieron ocultos en casa de un embajador canadiense. Con la pretensión de actuar antes de que los radicales diesen con ellos, la CIA buscó la opción “menos mala” para sacarlos del país. Tony Mendez (Ben Affleck), un agente de operaciones especiales, planteó la opción de cubrir el rescate con una producción cinematográfica de ficción en donde él y los seis estadounidenses refugiados formarían parte del equipo.

El aclamado y reconocido actor hollywoodiense no sólo demuestra su talento delante de las cámaras, sino también detrás de ellas (en The Town o Gone, baby, gone); y además, sus comienzos como director ya son de altura. Con su última aportación, Argo, Ben Affleck ha situado su film en la sección oficial del Festival de cine de San Sebastián 2012 y además, salió nominada como mejor película en el Premio del Público en el Festival de Toronto 2012.

La historia está basada en hechos reales y los documentos que se nos muestran al final corroboran la autenticidad y similitud a la producción de Affleck, aunque éste introduce un alto grado de thriller en el drama y mucha sátira hacia la industria cinematográfica. La propuesta resulta impactante y por eso, interesante, al ser una solución que sólo creeríamos viable en una ficción, y por eso pudo salir la operación exitosamente, porque se convirtió en una creación cinematográfica. Lo que falla, es la exposición de los roles. En la película, los buenos son muy buenos y los malos parecen rudas bestias sin alma; es decir, se nos presenta a Estados Unidos de nuevo como el héroe que libera a los inocentes de la barbarie árabe.

La fotografía del film muestra un tono apagado, con un contraste muy alto entre las luces y las sombras, como si fuera una cinta antigua; el vestuario, la música, las imágenes… respeta la estética de los años 80 y una presentación cercana al documental. La música, inquietante como la película, acompaña el ritmo y la tensión que persigue a los protagonistas. La interpretación es excepcional, no sólo porque cuenta con un reparto de lujo: Ben Affleck, Richard Kind, Kyle Chandler y Philip Baker Hall, sino porque gracias a su talento se hace posible que el ritmo del drama y la sátira se conjuguen adecuadamente sin ser un estorbo para la narración. Aunque, ¿por qué hacer del drama una sátira? El único problema que le veo a la película, a parte de la dificultad de adentrarse en los personajes, que no son más que rostros sin identidad en un proyecto cinematográfico, tanto en la cinta de Affleck como en la película que utilizan como tapadera para rescatar a los americanos, es que nos introducen en una cruel realidad en la que pretenden sacarnos un par de sonrisas; aunque, ese descanso emocional entre tanta tensión, sinceramente, se agradece. Esto puede provocar que nos quedemos en la máscara y no podamos ver el fondo del verdadero drama que fue aquel acontecimiento.

Aún así, la película presenta un agradable rostro en el valor de la generosidad y la solidaridad  y demuestra el valor del sacrificio por los demás, la insistencia en demostrar lo que realmente significa la vida de una persona y la implicación y ayuda de una manera gratuita por parte de los países. El thriller es intenso y cumple con notable éxito al atrapar al público desde el primer minuto y no lo deja respirar hasta el final.

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2 Responses

  1. En muchos aspectos, una “La cortina de humo” de Levinson, aunque con menos despiporre y muchísimo más depurada. El paralelismo simbólico entre Hollywood y la CIA es simplemente magistral; ambas instituciones puro dramatismo.

    Memorable la toma con las famosas letras de los estudios ya ajadas, y muy ilustrativo el homenaje al cine de ciencia-ficción, cuyos héroes han sido en gran manera testimonio de la idiosincrasia americana.

    1. Me sorprendió muchísimo que Ben Affleck consiguiera provocar tal tensión en el público sin perderlo ni un instante (ahí está el éxito de toda película). El estudio de cine americano es genial, que el propio Affleck se atreviera a “ridiculizar” en cierto sentido, cómo son las personas que están detrás de esa industria, es digno de ser aplauido… Sin duda, entre lo de las letras de los estudios, la propia industria de Hollywood, así como la CIA, caen bajo la crítica del director de una manera impecable, sin ser dercortés.

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