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«Abracadabra», mentalismo ‘choni’ divertido

Ficha técnica

Título: Abracadabra

Director: Pablo Berger

Guion: Pablo Berger

Producción: Arcadia/ A3Media/Movistar+

Fotografía: Kiko de la Rica

Música: Alfonso de Villalonga

Reparto: Maribel Verdú, Antonio de la Torre, José Mota, Josep María Pou, Quim Gutiérrez, Priscilla Delgado, Julián Villagrán, Javivi…

Duración: 96′

País: España

Año: 2017

Jorge Velasco Fernández
@JorgeVF88


Abracadabra es el nuevo trabajo de Pablo Berger, director que saltó a la fama en 2003 con la curiosa Torremolinos 73 y que se consagró en 2012 con Blancanieves al conseguir 10 cabezones de los premios de la Academia. En este caso, el cineasta vasco nos presenta una película con muchas lecturas y que baila entre la comedia y el drama al narrarnos la loca historia de Carmen (Maribel Verdú), una ama de casa del humilde barrio de Carabanchel de Madrid. Un día descubre que su marido, Carlos (Antonio de la Torre), ha sido poseído por un espíritu de un hombre esquizofrénico que allá por los años ochenta masacró una boda en los famosos salones de La Noria. Dicha posesión se debe a que el primo de Carmen, Pepe (José Mota), un vigilante de seguridad de un supermercado que en sus horas libres le gusta hacer mentalismo, consiguió, durante la boda de unos familiares, hipnotizar a Carlos.

Carlos, que es un hombre rudo, violento, fanático del fútbol y que trabaja en una obra, de la noche a la mañana, tras haber escuchado la canción de los Pajaritos de María Jesús, se convierte en un hombre de bandera: atento en casa, amante del baile, de las buenas formas, cariñoso con su hija y con su mujer. Sin embargo, hay gato encerrado. Y es que Carlos ha sido poseído por el espíritu de Tito (Quim Gutiérrez), un joven con esquizofrenia. Desde ese instante, Carmen y Pepe tratarán de buscar la manera de devolver a Carlos su personalidad original, gracias a la labor del maestro mentalista de Pepe, el Doctor Fumetti (Josep María Pou). Mientras tanto, Carmen se debatirá entre disfrutar de la nueva versión de su marido, con el hándicap de saber que realmente no es él, sino el espíritu quien actúa o, por el contrario, regresar a la normalidad, a las malas contestaciones y a las amenazas del maltratador de Carlos.

ABRACADABRA

En el fondo Berger plantea un totum revolutum de temáticas aparentemente difícil de engranar en un guion pero que milagrosamente, o mágicamente, funciona con bastante tino y con mucha comicidad sin llegar a molestar a ningún colectivo. Por un lado, está la familia de un barrio humilde y con educación básica. El padre de familia, un hombre dedicado a su trabajo, sin estudios, que ya no se fija en su mujer y que solo le interesa su propio beneficio. La madre, una mujer que intenta llevar como puede las riendas de la casa mientras soporta cualquier tipo de improperios y desprecios de su marido. Y la hija, que es una mezcla de carácter de ambos. Con estos tres personajes, Berger ha intentado mostrar a una familia típica madrileña de clase baja. Con esas limitaciones, pero también con esa sencillez de carácter. Gente buena que lucha contra las inclemencias de la vida por sobrevivir.

Berger plantea un ‘totum revolutum’ de temáticas aparentemente difícil de engranar en un guion pero que milagrosamente, o mágicamente, funciona con bastante tino y con mucha comicidad.

Por otro lado, nos encontramos las situaciones psicológicas de dos prototipos de personajes: el enfermo de esquizofrenia, un hombre bueno, pero sufrido por una situación que es incapaz de controlar, y el maltratador, un hombre llegado a ese extremo tras haber perdido las ganas por aquello que le da normalidad y seguridad. Aquí Berger juega de juez con estos prototipos sociales, dejando muestra de que al esquizo hay que quererle, y al maltratador buscar la manera de alejarse de él.  Pero también queda claro que, para vivir, es necesario tener una estabilidad emocional, y eso es lo que en el fondo busca Carmen a lo largo del filme.

Abracadabra es una película muy bien grabada plano a plano con los que el cineasta bilbaíno demuestra su buena labor detrás de la cámara, y con los que consigue una comicidad muy vistosa que, sin ser tronchante, hace que el espectador en más de una ocasión suelte carcajadas, o alucine con las reacciones y las caras de los actores. Actores, valga la redundancia, que trabajan de manera excelente, que están muy simpáticos y que, junto a labor artística y al equipo de vestuario, completan un engranaje que funciona a las mil maravillas. El toque ‘choni’ hace más que divertida a su protagonista. El macarrismo de Carlos, la sosería y horterismo de Pepe, el look años 60 de Fumetti, o el histrionismo del hombre trajeado vendedor de casas que interpreta Villagrán, juegan de manera hipnótica con el espectador consiguiendo que dichas excentricidades las veamos normales y muy divertidas.

Es una pena que, conociéndose ya las candidaturas de los Goya, no gocen de fuerza las mismas que ha recibido la película en sus diferentes categorías. Obviamente, iba a ser muy complicado llegar al nivel del anterior trabajo del cineasta. Y hacerlo con una comedia ya se antojaba mucho más difícil si cabe. Pero, al menos, podemos terminar afirmando que, tras estos trabajos, hay un director muy a tener en cuenta con cada novedad que nos presente gracias a la buena impronta dejada tras las cámaras.

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