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A la calle con amor

Fernando Bonete Vizcaino
@ferbovi

Los deportistas, los músicos…. los pintores, escultores, arquitectos y literatos tal vez menos. Todos ellos llegados a una determinada edad se retiran. Los años pesan y las neuronas también, y cuando la actividad física y artística exige más de lo que la persona es capaz, lo aconsejable es dejarlo. Saber los límites de uno mismo y poner coto a la voluntad humana llegado el tiempo de retirarse puede ser hasta un buen ejercicio de humildad, o simplemente una manera de no quedar en ridículo.

Entre los anteriores rara vez se incluye a los cineastas, pero ¿acaso el del celuloide no es un arte de demostrada excelencia y de marcadas exigencias? También ha habido directores, y los hay, y los habrá, que habrían hecho bien en abandonar la gran pantalla a cambio de no manchar ni su carrera ni las carteleras. Para algunos, como digo, ya es tarde; para otros aún hay salvación. Mi preocupación redunda en saber si Woody Allen todavía podría pertenecer a los segundos.

Woody Allen

Los seguidores de esta web saben que lo mío con el humorista y pseudopensador no es manía. Reconocí en su momento que mi afición al cine viene precisamente de Allen, amén del cine de Bergman y de otras inspiraciones aquí no confesables. Lo mío con el director es más bien pena. Lástima.

Miro muy hacia atrás y encuentro en su carrera cintas realmente interesantes, fascinantes, graciosas e inteligentes… Cuántas veces habré recordado aquella deliciosa Annie Hall (1977), el dramón convertido en original reflexión de la poco conocida Septiembre (1987), o el fastuoso y delirante homenaje al cine clásico y al gran Bogart en particular de Play it again, Sam (aquí solo como actor).

Woody Allen y Diane Keaton en "Annie Hall"

Miro hacia antes de ayer y me topo con un nutrido surtido de descalabros. Contando desde el inicio de siglo, Granujas de medio pelo (2000) y La maldición del escorpión de jade (2001), intentos fallidos de sus primeras e hilarantes comedias. Todo lo demás, Melinda y Melinda, filmes en tierra de nadie, sin una proposición seria que comparar con sus reflexiones de antaño. Scoop (2006), El Sueño de Casandra (2007), Vicky Cristina Barcelona (2008), Conocerás al hombre de tus sueños (2010) y su última estrenada en España hasta la fecha, en la que tampoco convence ya como actor, A Roma con amor (2012)… Desde 2006 se han salvado Si la cosa funciona (2009) y Midnight in Paris (2011), más esta que aquella por el gancho del encanto parisino; y tampoco. Match Point (2005) cuenta también con el beneplácito del público reciente, olvidando los neófitos de Woody que en Delitos y faltas, grabada casi 20 años antes, se encuentran las claves de su fondo filosófico desarrolladas con mayor profundidad y sin necesidad de echar mano al clásico de Dostoievsky.

Los mismos temas freudiano-ateo-nihilistas una y otra vez, más un humor caducado que ni a mi padre (ya en el meridiano de su vida) le hace gracia, son los ingredientes de los últimos filmes de Allen. Sabemos que es un director de altos egos, pero ¿se quiere tanto como para acompañar a Narciso al fondo del lago? La vida consiste en tropezarse, caer y levantarse. El arte, llegada cierta edad, en tropezarse, caerse y retirarse.

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