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Un tesoro que nos construye

Porqué es importante buscar eso que llaman felicidad y que sólo algunos han encontrado

Violeta Sánchez Hidalgo
@papovav

Estamos hartos de ver películas de gente que busca la felicidad, que inventa historias para simularla, y de gente que pone su felicidad en las cosas, la ropa o los viajes, los libros o las mismas pelis. Pero, ¿dónde está la felicidad? Este preciado tesoro que ha sido estudiado por miles y miles de hombres y hallado por tan pocos. Buscado en el confín de los días. Rastreado hasta que no había más aguas que surcar ni más tierras que excavar. Hombres han muerto sin conocerla y todos viven buscándola. Tiene sentido pensar que algo de lo que somos la esconde.  O más bien que, cómo somos, la edifica. Cuando digo “cómo somos” me refiero a biológicamente,  en cuerpo. Y es que la acción modifica el cuerpo. Esto es lo que el equipo de la archiconocida Dra. Fredrickson  de la Universidad de Carolina del Norte ha encontrado.

En el estudio consiguieron diferenciar dos tipos  de experiencias “felices”: hedonistas y eudamónicas. El adjetivo eudamónicas lo atribuyen a las  experiencias que aportan felicidad  y que se guían por un sentido, un trasfondo que  acompaña a la acción placentera. Sin embargo, las experiencias hedonistas son solamente afectos positivos, sin un sentido que los acompañe. Su investigación demuestra que la intención buena, algo más allá del “facto” que acompaña a la acción, importa. Porque si la persona tiene “experiencias hedonistas”, sólo por el hecho de sentir instantes de felicidad, se activan sistemas nocivos en su cuerpo. Disminuyen los anticuerpos  y se activan los sistemas de inflamación, por poner un ejemplo. Pero si la persona busca más allá de la simple autosatisfacción hacia un propósito noble  de sus acciones el cuerpo responde positivamente. Aumenta su protección, es decir, aumentan los anticuerpos y disminuye la inflamación.

Dra. Barbara Fredrickson

Permitidme que comparta mi alegría con vosotros porque por fin la ciencia demuestra que la intención con la que actuamos afecta a nuestra vida desde un punto de vista biológico, porque modifica nuestros genes. Los 21.000 genes que nos conforman, nos ayudan a sobrevivir y avanzar en la vida, a estar bien. Pero también tiene sentido pensar que se sufren las repercusiones de lo que hacemos en nuestro día a día con la felicidad. En definitiva: la intención de nuestros actos condiciona lo que somos y seremos, incluso biológicamente.

Ahora que ya tenemos más pistas sobre dónde está el tesoro, ¿vamos a por él?

Continúa el camino...
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