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Tormentas solares

Eduardo Mirón López
@EduardoMironLpz


Aunque la mayoría de nosotros somos ajenos a los cambios de humor del Sol, el pasado domingo 19 nuestra estrella se debió dar en el pie con la pata de algún mueble y soltó un señor grito (léase llamarada solar). Concretamente uno clasificado como X1.1, que por suerte no salió apuntándonos. Puede que hasta ahora no te hayas alarmado lo más mínimo, pero piensa que de habernos dado de lleno probablemente seguiríamos sin Internet, televisión o teléfono a día de hoy.

Imagen artificialmente coloreada de la erupción solar del 19-10-2014

El Sol se formó hace cerca de 4650 millones de años y se calcula que tiene combustible suficiente para unos 7500 millones de años más. Se halla por tanto en la fase de su vida denominada “secuencia principal”, durante la que produce energía fusionando átomos de hidrógeno. Sin ser nuestra estrella ni mucho menos grande, su consumo es de alrededor de 700 toneladas de hidrógeno por segundo. De semejante reacción nuclear se desprende gran cantidad de energía en forma de radiación electromagnética, neutrinos y viento solar. En este caso vamos a indagar en el viento solar.

Una estrella está formada por plasma, que se mantiene como esfera al equilibrarse la fuerza gravitatoria y la presión que ejerce hacia afuera el gas ionizado. Pero este equilibrio no es perfecto y  en ocasiones parte del plasma sale disparado en lo que se conoce como eyección de masa coronal (CME por sus siglas en inglés). Cuando esto ocurre, primero salen despedidos los rayos X y la radiación ultravioleta viajando a la velocidad de la luz. Esto abarca la etapa que se conoce como erupción solar, afecta a las telecomunicaciones y puede llegar a modificar las órbitas de los satélites. En la siguiente fase (tormenta de radiación) llegan las partículas energéticas, electrones y protones, que dañarían circuitos electrónicos desprotegidos y que pueden incluso afectar a la salud de los seres vivos. Por último, el plasma tardaría unos días en llegar a la Tierra, constituiría la etapa de CME propiamente dicha y sería realmente peligrosa. Una cantidad suficiente de este gas ionizado puede “freír” todo circuito eléctrico si se dan ciertas condiciones.

Localizaciones de avistamientos confirmados de aurora boreal durante el Evento Carrington

Las erupciones solares se clasifican según el flujo de rayos X de 100 a 800 micrómetros en las inmediaciones de la Tierra. Se ordenan en A, B, C, M o X, siendo cada clase diez veces mayor que la anterior. Dentro de cada clase hay una escala lineal del 1 al 9, salvo en la clase mayor (X) que no tiene límite. La mayor erupción que impactó en la Tierra y de la que se tiene conocimiento se denominó Evento Carrington en honor al astrónomo inglés Richard Carrington, que fue el primero en observarla, y ocurrió en 1859. Se estima que alcanzó una intensidad de X40 y supuso que aparecieran auroras boreales en lugares tan lejanos del polo como Cuba y que se destruyera de facto  todas las telecomunicaciones de la época: los nodos del telégrafo se cortocircuitaron y algunas instalaciones incluso ardieron.

El Sol no tiene siempre siempre la misma actividad. Analizando los datos que tenemos sobre la intensidad de las erupciones solares, se puede observar que es un proceso cíclico que dura unos once años. Gracias a este conocimiento y a los satélites dedicados a estudiar el astro rey, hoy podríamos emitir una alerta algunas horas antes de recibir el impacto de una CME, mitigando en lo posible sus catastróficas consecuencias. Pero nuestra mayor defensa sigue siendo el propio campo magnético terrestre, ya que si la eyección de plasma cae sobre la parte polarizada como norte  rebotaría total o parcialmente en función de la intensidad del CME. Que esto sea así hace el que actualmente el hemisferio norte, más industrializado, esté mejor protegido ante estos fenómenos. Y recalco lo de actualmente, porque el campo magnético de la Tierra no es siempre igual. Históricamente se sabe que la intensidad del campo terrestre ha cambiado, pero lo que es más preocupante es que se sabe que en ocasiones se ha invertido.

Datos que reflejan los ciclos de actividad solar

La reversión magnética es un cambio de la orientación del campo magnético terrestre por la que el polo magnético norte pasa estar en el polo geográfico sur. Es un fenómeno todavía sujeto a estudio. Algunas cosas que se saben es que parece haber ocurrido anteriormente con una frecuencia de una a cinco veces cada millón de años y que dura entre unos cientos y unos pocos miles de años. Otro de los pocos datos que se conocen es que viene precedido por un lento declive de la intensidad del campo, hecho que se viene constatando desde hace un tiempo. Actualmente se sospecha que la anomalía vuelva a ocurrir en torno al año 3000 o 4000. Y para entonces mejor que hayamos desarrollado formas de proteger nuestras telecomunicaciones o que seamos lo suficientemente afortunados para que ninguna eyección solar alcance el hemisferio norte mientras dure la reversión magnética.

Imagen artificialmente coloreada de una erupción solar de intensidad C3

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