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Tesla

Eduardo Mirón López
@EduardoMironLpz


El personaje de hoy es uno de los más carismáticos que ha dado la ciencia. Su vida daría para escribir novelas dramáticas, rodar películas de acción y llenar bibliotecas técnicas. Nikola Tesla era el Julio Verne de la ingeniería y lo que podemos llamar un “científico de acción”.

Nikola nació en 1856 en lo que hoy es Croacia y que entonces pertenecía al Imperio austríaco. Era hijo y nieto de pastores ortodoxos y durante su formación ya dio muestras de uno de sus rasgos más característicos: una memoria eidética, que unida a su inteligencia le permitía realizar cálculos integrales de cabeza con menos de 17 años. Cuando cumplió los 18 escapó a las montañas para evitar ser reclutado para el ejército. Tras un año viviendo como un cazador más, volvió a su casa para marcharse al poco a Graz, donde comenzó sus estudios universitarios. Según la correspondencia mantenida con su padre, trabajaba desde las tres de la madrugada a las once de la noche. Sus resultados académicos eran excelentes, hasta el último año. En su segundo año Tesla perdió su beca tras enfrentarse a uno de sus profesores debido a opiniones enfrentadas sobre una dinamo eléctrica. Al poco de eso desarrolló una adicción al juego que le hizo perder todo el dinero de sus estudios, para después recuperarlo jugando de nuevo. Esta deplorable afición le hizo desatender sus estudios, abandonando la universidad en el tercer año.

Tesla

Nikola desapareció, llegando sus amigos a pensar que había muerto. En realidad no era capaz de enfrentarse a su familia tras su fracaso y se marchó a Eslovenia donde se ganó la vida como delineante. Su padre lo consiguió localizar y fue a su encuentro para pedirle que volviera a casa, pero él se negó. Ya en 1879 hubo de volver a su hogar cuando lo expulsaron de Eslovenia por no tener permiso de residencia. A las pocas semanas de llegar falleció su padre y al año siguiente Nikola se marchó a Praga para continuar sus estudios, pero dado que desconocía materias obligatorias como el checo y el griego, asistió a las clases como oyente y nunca recibió título alguno. En 1881 comenzó a trabajar en una empresa de telégrafos de Budapest, tiempo durante el que afirmó haber perfeccionado un aparato telefónico que no patentó. Tesla consiguió su primer trabajo importante en 1882, cuando le contrató la Compañía Edison para un puesto en Francia. Dos años más tarde la misma compañía le pedía que se trasladara a Nueva York para abordar empresas de mayor repercusión.

Edison le pidió al recién llegado Tesla que rediseñara los generadores de corriente continua de su empresa, con la promesa de una sustanciosa recompensa económica en caso de lograrlo. Esto lo logró en unos pocos meses y al reclamar su premio, Edison le contestó que aquello fue una broma y que no entendía el humor americano. Tesla se despidió de la Compañía Edison en ese mismo momento. Inmediatamente formó otra empresa con otros dos socios capitalistas, pero el hecho de ser él el artífice de las patentes que sostenían a la empresa no fue suficiente para que tuviera el control de la dirección del negocio. Las desavenencias con sus socios forzaron su salida de la empresa, dejando a Nikola de nuevo en la ruina. Durante el invierno entre 1886 y 1887 Tesla se ganó la vida como buenamente pudo, llegando a trabajar cavando zanjas por dos dólares al día.

Afortunadamente, en abril de 1887 Tesla funda junto con dos nuevos socios capitalistas la Compañía Eléctrica Tesla. En ese mismo año desarrollan su motor eléctrico de corriente alterna, cuya patente venderían al año siguiente a Westinghouse Electric en unas condiciones que más tarde demostrarían ser muy ventajosas (nadie pensaba que el invento fuera a tener tanto éxito). Esto hizo a Tesla la cabeza visible del bando de la corriente alterna en la que se conoció como “Guerra de las corrientes”, siendo el estandarte del otro bando Edison. Al final la historia dio la razón a Tesla en este campo.

Gracias a los éxitos del motor de corriente alterna, Tesla gozó de un periodo de bonanza económica y de gran prestigio. Todo ello lo dedicó a proseguir con sus experimentos con rayos X y en el desarrollo de sistemas de comunicación y transmisión de corriente inalámbricos. Sus estudios eran cada vez más extravagantes, pero sus socios ganaban cantidades indecentes de dinero gracias a sus patentes, por lo que le facilitaron un laboratorio bien equipado y razonablemente apartado de grandes núcleos urbanos donde Tesla trabajara a sus anchas. En poco tiempo Nikola era el arquetipo de un científico loco y sus experimentos tenían efectos secundarios estrambóticos e inquietantes. Muchos de sus experimentos no llegaron a buen puerto, pero muchas de los conceptos que planteó se han convertido en realidad con el paso de los años. Probablemente sus fracasos se debieron a que tenía un tanto más de inventor que de físico.

Finalmente ocurrió lo que era de esperar. Uno de los proyectos de Tesla fracasó estrepitosamente debido a una combinación de decisiones de diseño discutibles y falta de fondos, con lo que una vez más acabó arruinado y desprestigiado. Esta vez Westinghouse Electric, por piedad o por evitar que la mala prensa le salpicara, se aseguró de que pasara sus últimos años con cierta dignidad. Le pagaban sus habitaciones en el hotel de Nueva York en el que vivía además de una cierta cantidad de dinero al mes bajo la apariencia de un sueldo como consultor, ya que Tesla rechazaba todo lo que consideraba limosna.

En sus últimos años afirmó haber desarrollado un arma de poder inimaginable. La descripción que hizo de ella a día de hoy sigue pareciendo ciencia-ficción, pero lo cierto es que a su muerte en 1943 sus pertenencias fueron confiscadas y registradas por el gobierno de los Estados Unidos. No encontraron nada, porque como tantas otras cosas Tesla guardaba toda la información referente a dicha arma en su memoria perfecta. Puede que muchas maravillas se perdieran con él, a los que hoy habitamos el mundo nos dejó más de 300 patentes que cambiaron todo lo que conocíamos y nos abrieron las puertas a un futuro hasta entonces inimaginable.

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