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Pasteur

Eduardo Mirón López
@EduardoMirónLpz


El tema más candente de la actualidad tiene tristemente que ver con el campo de la microbiología, un área por completo inimaginable hasta la llegada del personaje sobre el que versa este artículo: Louis Pasteur.

Louis Pasteur

Pasteur nació el 22 de diciembre de 1822 en Dôle, Francia. Era el tercer hijo de una familia humilde y en su infancia no destacó por ser un estudiante brillante, sino más bien mediocre. De hecho sus principales intereses eran la pesca y la pintura, conservándose algunos cuadros que pintó a los quince años. Consiguió su bachillerato en 1840 y finalmente superó el examen de acceso a la École Normale Supérieure de París en 1844, no sin haber suspendido en un primer intento en 1842. Tras pasar por varios puestos de docente, en 1848 aceptó el puesto de profesor en la universidad de Estrasburgo. Allí conoció a Marie Laurent, hija del rector de la mencionada universidad, con la que se casaría en 1849. Marie le dio cinco hijos, aunque sólo dos sobrevivieron hasta la edad adulta, y fue un apoyo constante para Louis tanto en lo emocional como en lo profesional. En 1857 se trasladó a París, donde ocupó el cargo de director de estudios científicos de la  École Normale Supérieure, consiguiendo grandes en la metodología de enseñanza de la institución y elevando el prestigio de la misma. En 1887 fundó el Instituto Pasteur, del que fue director hasta su muerte en 1895.

Resulta curioso que Pasteur comenzase su carrera científica haciendo importantes descubrimientos en Química, cuando precisamente esta materia fue siempre su talón de Aquiles en sus resultados académicos. Sin embargo en 1948 publicó un estudio que cambiaría la concepción que se tenía de la química orgánica. El ácido tartárico (C4H6O6) puede encontrarse en la naturaleza presente en muchas plantas y también se podía sintetizar artificialmente. Lo que nadie podía explicar era que los cristales de este ácido polarizaban la luz de una forma distinta dependiendo de si eran de origen natural o sintético. Si efectivamente eran la misma sustancia, se creía entonces que el cristal que formara debía ser idéntico en cualquier caso. Pasteur descubrió que esto no era así al observar cristales de distinto origen al microscopio. Las estructuras eran especulares dependiendo de cómo se obtenían, y así se explicaba que en un caso la luz se desviase a la izquierda al atravesar el cristal, mientras que al pasar por el otro era hacia la derecha. La propiedad que acababa de descubrir se llama quiralidad y su estudio es fundamental para el diseño de materiales poliméricos o de aplicaciones a la óptica.

Alanina, un aminoacido con formas quirales

Hasta 1864 se creía aún que la fermentación era una reacción química y que en ella no intervenía ningún ser vivo. Pasteur demostró que esto no es así, y con la ayuda del microscopio identificó dos variedades de levaduras que intervenían en el proceso. Identificó la que producía el alcohol en el vino y la que generaba el ácido láctico, que más tarde agriaba ese mismo vino. Desarrolló el método que hoy conocemos como pasteurización y que permite eliminar los microorganismos presentes en alimentos como la leche o el vino. Dicho proceso permite conservar más tiempo y garantizar el buen estado de muchos productos de consumo diario, lo que ha mejoró la calidad de vida de la sociedad a niveles impensables entonces.

Sólo la pasteurización ya basta para que Pasteur entrara al Olimpo de los científicos y los filántropos, pero su figura no acaba aquí. Tras refutar experimentalmente la teoría de la germinación espontánea, que postulaba que ciertos organismos aparecían de forma espontánea a partir de materia orgánica o inorgánica, y demostrar así que todo ser vivo procede de otro ser vivo anterior (omne vivum ex vivo), aplicó ese conocimiento al estudio de las enfermedades. Pudo tras muchos años de estudios probar el origen microbiano de todas las enfermedades que aquejan a los seres vivos. Dicho descubrimiento supone un cambio drástico para la medicina y da lugar a prácticas que hoy nos parecen básicas como la esterilización del material quirúrgico o estudio epidemiológico de una enfermedad.

Pero el más loable rasgo de Louis Pasteur es que no se detuvo nunca en el conocimiento puro si no que siempre buscó la aplicación práctica del mismo para el avance de la sociedad. Así, mientras realizaba experimentos sobre la propagación de la cólera aviar en pollos, observó que podían obtenerse muestras debilitadas de los agentes causantes de esta enfermedad bacteriana y que al exponer a los pollos a ella, estos sufrían la enfermedad con síntomas menores y desarrollaban inmunidad a la misma con la repetición del proceso. Con esta nueva información fue capaz de desarrollar las primeras vacunas. Pasteur creó las primeras vacunas contra dos enfermedades que causaban estragos desde la antigüedad: la rabia y el carbunco (hoy más conocido por su nombre inglés, el anthrax). Este gran hombre había dado a la humanidad las primeras armas contra males primigenios y había abierto el camino para que con el paso del tiempo y el trabajo de otros grandes científicos, podamos cerrar la caja de Pandora con todos sus ponzoñosos habitantes dentro.

Continúa el camino...
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