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Miguel Servet

Eduardo Mirón López


A lo largo de la Historia se han dado épocas de especial renombre en los que una gran cantidad de acontecimientos de la mayor transcendencia se han sucedido en un corto espacio de tiempo. En dichos momentos aparecen figuras de proporciones titánicas, personajes que aglutinan en sí los esfuerzos que normalmente ocuparían la vida de varios. En este artículo vamos a sumergirnos en un periodo tan rico como es la primera mitad del siglo XVI y a caminar bajo la sombra del asombroso Miguel Servet.

Miguel ServetSe desconoce a ciencia cierta cuándo o dónde nace Miguel, pero la teoría generalmente aceptada es que fue en Villanueva de Sigena, Huesca, en el año 1509 o 1511. Hijo del notario del monasterio de Sigena y de ascendencia judeoconversa por parte de madre, demostró desde la infancia unas dotes sobresalientes (como dominar el latín, griego y hebreo a los quince años) y gracias a ello continuó su formación al servicio de fray Juan de Quintana. Su tutor llegó a confesor de Carlos I y Miguel acompañó como paje al séquito del soberano por Italia y Alemania, asistiendo a la coronación del monarca como Emperador de Sacro Imperio en Bolonia en 1530. Este acontecimiento fue de vital importancia para el joven Miguel Servet. Durante sus viajes había entrado en contacto con otros pensadores afines al movimiento reformista y en la ceremonia de coronación quedó horrorizado por la pompa y el lujo de la misma.

Abandonó al séquito de Carlos y en los siguientes meses mantuvo contacto con distintos pensadores reformistas en Basilea y Estrasburgo. Durante este tiempo se ganaba la vida como corrector de pruebas en distintas imprentas. Finalmente fue en 1531 cuando publicó el primero de los libros que desataron la persecución religiosa a la que estuvo sometido desde entonces. Se titula De Trinitatis Erroribus y fue seguido por Dialogorum de Trinitate, De Iustitia Regni Christi y Declarationis Iesu Christi Filii Dei. En estos manuscritos afirma que el dogma de la Trinidad no tiene fundamento teológico y que la caridad debe acompañar a la fe. Con todo ello consiguió en un tiempo récord convertirse en blanco de la ira de católicos y protestantes por igual. Como muestra de que independientemente de las creencias que tuviera, era un firme defensor de la libertad de conciencia quiero reproducir aquí una frase de su obra: “Me parece que todos tienen parte de verdad y parte de error y que cada uno ve el error del otro, mas nadie el suyo”.

Tras salir con bastantes prisas de los territorios de Carlos I debido al ferviente deseo de la Inquisición de echarle mano, se establece en Lyon bajo el nombre de Miguel de Villanueva. Volviendo a trabajar en imprentas es él el responsable de la primera publicación de la Geografía de Ptolomeo en francés. Es allí donde el médico Symphorien Champier le anima a estudiar medicina. Así se establece en París en 1536 y al año siguiente se matricula en medicina. Pagaba sus estudios dando clase de astronomía y matemáticas en la misma universidad. Sus éxitos académicos le granjearon mas envidias que admiración y esto unido a cierto manuscrito que publicó contra el decano de la universidad de París cuando éste canceló sus clases, hizo que terminara sus estudios de medicina en Montpellier en 1539. De allí se trasladó a Carlieu, donde como curiosidad hay que destacar que pasó unos días en prisión después de herir con la espada a uno de los asaltantes que le emboscaron cuando un médico local celoso del éxito de Miguel intentó matarle.

En 1541 entra al servicio del arzobispo de Viena del Delfinado como su médico personal. En este tiempo prosigue sus estudios en el campo que le encumbrará al Olimpo de la ciencia médica: el descubrimiento de la circulación pulmonar. Sus estudios se acompañan de algunas publicaciones religiosas y de una vibrante relación por correspondencia con Juan Calvino, el líder protestante. La amistad que los unía se remontaba a la estancia de Miguel en París y la cordialidad que reinaba en las misivas se rompe por unos comentarios muy críticos del español sobre la obra Institutio religionis Christianae de Calvino, que le responde que si alguna vez pasa por Ginebra puede darse por muerto.

En 1553 se publica la obra de Servet Christianismi Restitutio anónimamente. En ella junto con sus pensamientos teológicos se describe el paso de la sangre por los pulmones en el quinto capítulo del citado libro. Una denuncia parte desde Ginebra acusando al autor de no ser otro que el buscado Miguel Servet y no Miguel de Villanueva. Se cree que Calvino estaba detrás del soplo. La Inquisición se pone entonces en marcha y detiene a Servet, pero este logra escapar de prisión antes de que se dicte sus sentencia de muerte. En su probable huida hacia Italia hace escala en Ginebra, donde es reconocido y Calvino cumple su amenaza. Tras grandes torturas y padecimientos, Miguel Servet es quemado vivo el 27 de octubre de 1553, pero las consecuencias de este terrible acto fueron insospechadas. Se puso de manifiesto el sectarismo de Calvino, que era igual o peor que el de la Iglesia a la que decía denunciar y Miguel Servet se convirtió en un mártir de todos los eruditos de la época. A día de hoy se afirma que su muerte sirvió para que la libertad de conciencia se convirtiera en un derecho como es hoy en día.

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