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Karkinos

Galeno (siglo II d. C) fue el primero en observar y describir el cáncer. Este médico estoico trabajaba en la escuela de gladiadores de Pérgamo y estuvo presente en  las Guerras Marcómanas, lo que le posibilitó acceder al interior del cuerpo. No tenía otro modo, pues en la Antigua Roma la disección de cadáveres humanos estaba prohibida. Movido por la duda, Galeno se asomaba a las heridas, “ventanas en el cuerpo”. En una de estas observaciones, relacionó el parecido entre las venas hinchadas de un tumor y las patas de un cangrejo. De ahí que denominara cangrejo, del griego karkinos, a la etimología latina “cáncer”. Resulta doloroso, cuanto menos, que diecinueve siglos después este cangrejo sea la segunda causa de muerte en países occidentales, muchas veces por no haber sido capaces de observarlo a tiempo.

Karkinos es el único cangrejo que en vez de ser devorado, devora; nace porque en una célula cualquiera se produce una mutación, es decir, una alteración en su ADN. No hemos de extrañarnos, pues nuestro cuerpo tampoco es perfecto. Como “se conoce”, tiene preparado un sistema de reparación de estas pequeñas fallas, y si en último término no consigue escindirlas, elimina la célula dañada. Pero, ¿qué sucede si el sistema de reparación no consigue eliminar al cangrejo porque también falla? Que la célula mutada crecerá, se reproducirá, y colonizará a las demás; le será otorgada una devastadora ventaja selectiva en la evolución clonal. Se trata de una sencilla evolución darwiniana.

Ciertamente, la única manera de evitar el cáncer es no haber nacido; vivir es perpetrar el riesgo. Pues todos nacemos con una susceptibilidad genética determinada a padecer el mal del cangrejo. No obstante, a tiempo, podemos frenarlo y evitar que sus pinzas agarren a la muerte más que nosotros a la vida. La alimentación, el tabaquismo, las radiaciones o las tareas que nos ocupan en nuestro día a día pueden condicionar la muerte a patas de este crustáceo. Sabiéndonos en ocasiones poseedores del cambio, que no nos asuste replegar nuestros excesos. Porque el peligro impuesto es inamovible, pero el peligro fabricado es imposición de fuerza de ley, tiranía, manifestación de un romanticismo decrépito.

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2 Responses

  1. MR

    “(…) pero el peligro fabricado es imposición de fuerza de ley, tiranía, manifestación de un romanticismo decrépito.”

    Totalmente de acuerdo.

  2. Pablo Casado

    Bravo.Ciencia con cierta opinión y sentencias de muy buen juicio. No me había puesto a leer el artículo pensando encontrarme un tostón técnico pero me he sorprendido un montón.
    Me ha encantado. En serio.
    “Vivir es perpetrar el riesgo”
    Olé. Artículo de dos orejas y rabo. Puerta grande

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