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James Watt

Eduardo Mirón López
@EduardoMirónLpz


Cuando, pasado el tiempo, se deba dar un nombre a la Edad en la que nos hallamos, seguramente que este sea la Edad Industrial y, probablemente, el hito histórico que dé comienzo a este periodo sea la invención del motor de vapor. Si bien el primero de estos ingenios se considera el diseñado por Thomas Newcomen en 1712, el verdadero impulsor de la Revolución Industrial fue el motor de vapor de Watt.

James Watt retratado por Carl Frederik von Breda2

James Watt nació el 19 de enero de 1736 en Greenock, un pueblo cercano a Glasgow. Debido a una pésima salud durante la infancia, no asistió a la escuela con regularidad, quedando su educación a cargo de su madre. Cuando por fin pudo recibir una instrucción adecuada, destacó en matemáticas y en las tareas manuales. Su madre murió cuando él contaba 18 años y, casi al mismo tiempo, la salud de su padre empezó a resentirse. El joven James invirtió entonces un año en formarse en Londres y a su vuelta intentó abrir un negocio de fabricación y reparación de instrumentación, principalmente octantes, barómetros y telescopios. A pesar de ser el único en Glasgow con la formación necesaria para trabajar con semejantes instrumentos, su solicitud fue denegada por el gremio de artesanos al no haber trabajado como aprendiz por al menos siete años. Por suerte, en aquel entonces la Universidad de Glasgow necesitaba alguien con sus conocimientos para mantener los instrumentos astronómicos que poseía y así pudo James encontrar su primer empleo.

Finalmente, James Watt pudo abrir un taller en 1759, y aunque llegó a tener 16 personas empleadas en el mismo, siempre que llegaba a reparar un artilugio que le era extraño invertía el tiempo que fuera necesario en desmontar y comprender su funcionamiento por sí mismo. En 1764 se casó con su prima Margaret Miller, con la que tuvo cuatro hijos. Tres años después del fallecimiento de su primera esposa volvió a casarse con Anne Macgregor con la que tuvo otros dos hijos.

El gran aporte de Watt al desarrollo de la Humanidad comenzó a gestarse en 1759, cuando su amigo John Robison llamó la atención de Watt sobre el posible uso del vapor como medio de propulsión para un carruaje. A pesar de no haber visto jamás una máquina de vapor, Watt empezó a experimentar y a desarrollar el concepto. En 1763 averiguó que la Universidad había adquirido una máquina de vapor de Newcomen, y a petición suya fue trasladada a Glasgow para su puesta a punto. El estudio de este aparato le dejó dos ideas claras: la máquina de Newcomen se averiaba con alarmante facilidad y era muy ineficiente desde el punto de vista energético. Tras reflexionar largo tiempo sobre la materia, presentó por fin en 1765 su condensador separado. Este ingenio aplicado a la máquina de vapor hacía a esta un sistema eficiente y robusto de obtener trabajo mecánico. La implantación de este nuevo propulsor en la industria textil fue el detonante de la Revolución Industrial.

Las modificaciones y la propia máquina de vapor que Watt diseñó fueron patentadas en 1769, dando a la firma Boulton & Watt el monopolio efectivo de los motores de vapor hasta 1800. Si bien James Watt ganó una merecida fama de poner trabas a todo aquel que intentara adelantársele en el desarrollo de nuevos diseños que estuvieran relacionados con sus trabajos, sirviéndose de sus muchas patentes, no es menos cierto que respetó las patentes de otros. Llegó al punto de admitir los muy cuestionables derechos existente sobre el mecanismo de biela-manivela para transformar el movimiento alternativo en rotatorio, no sin dejar de patentar él mismo otras cinco formas nuevas de hacer lo mismo que eran de su invención.

Máquina de vapor de Watt en la ETSII-UPM

James Watt falleció en 1819, no sin antes hacer muchos más aportes a la ciencia e industria. Descubrió que el agua no era un elemento, si no un compuesto de oxígeno e hidrógeno y diseñó la primera máquina capaz de copiar documentos, cuyo éxito la mantuvo como un elemento común en las oficinas de todo el mundo hasta el siglo XX. En honor a él se estableció en 1889 el vatio como unidad de medida de potencia en el Sistema Internacional de Unidades, si bien fue el mismo James Watt quien estableció el caballo de vapor como unidad de medida.

Como último apunte sobre esta figura tan relevante para la ciencia, pero aún más para la industria, haya que mencionar que James Watt fue el diseñador del regulador centrífugo o regulador de Watt. Dicho ingenio es un sistema de regulación automática que mantiene constante la velocidad de un motor de revolución. Es el primer ejemplo de automatización de la industria moderna y por su importancia aparece en el escudo de los ingenieros industriales.

Continúa el camino...
Layla
Encelado
EMI

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