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Exoplanetas

Eduardo Mirón López
@EduardoMironLpz

Hace unos días apareció la noticia de que se había encontrado un planeta muy similar a la Tierra: rocoso y en la llamada “zona habitable” de su estrella. Este exoplaneta ha sido llamado Kepler-186f; es el quinto y más externo de los que se han descubierto orbitando a su estrella y se encuentra a 490 años luz de nosotros.

Representación artística de Kepler-186f

Los exoplanetas son planetas orbitando alrededor de una estrella distinta a nuestro planeta. Se estima que en la Vía Láctea hay tantos exoplanetas como estrellas, pero hasta la fecha sólo se han descubierto alrededor de 1800. La realidad es que hasta hace poco tiempo los que se encontraban eran gigantes gaseosos similares a Júpiter, y es que los medios necesarios para buscar planetas rocosos parecidos al nuestro sólo llevan unos años disponibles. El gran avance en la búsqueda de estos cuerpos celestes  ha sido gracias al telescopio espacial Kepler que orbita en torno al Sol desde 2009.

Telescopio Kepler

Los métodos empleados hasta ahora son varios. El primero que puede venir a la cabeza es la imagen directa, pero los que se encuentran así son planetas de gran tamaño y suficientemente alejados de su estrella como para distinguir su reflejo de la luz de la misma. Sólo 17 exoplanetas se han descubierto  con este sistema.

La astrometría consiste en registrar con precisión la posición de una estrella en el firmamento a lo largo del tiempo. Si la estrella estudiada tiene un planeta suficientemente masivo orbitando a su alrededor, la estrella describirá pequeñas órbitas elípticas o circulares. Este método se emplea desde el siglo XIX, pero requiere que el exoplaneta ejerza una influencia gravitacional sólo al alcance de los mayores descubiertos. Además, encontrar un cuerpo por este método no garantiza que lo que se descubra sea un exoplaneta, ya que puede ser que lo que se observe sea un sistema binario de estrellas.

Un método que ha dado hasta la fecha buenos resultados para “cazar” estos exoplanetas es el de la velocidad radial (mejor llamada espectroscopia Doppler). Consiste en buscar variaciones periódicas en el espectro de luz emitido por una estrella que indiquen cambios en la velocidad radial de la estrella. Se basa en el efecto Doppler y es un procedimiento más refinado basado en el mismo concepto que la astrometría. La aportación principal de este método es que informa de la forma de la órbita del exoplaneta y de su masa.

Espectroscopia Doppler

La medición de la velocidad radial es un buen detector de exoplanetas. Es capaz de detectar objetos de masa relativamente pequeña, lo que excluye estrellas binarias, y da información relevante de los mismos, pero falta un dato clave: ¿cómo de grande es el exoplaneta? Para conocer esto se emplea el método del tránsito. Consiste en detectar la variación en el brillo de la estrella cuando el exoplaneta se interpone entre ella y el punto desde el que observamos. Obviamente es altamente improbable presenciar esto y por ello el método es mejor para estudiar candidatos ya detectados. Con este sistema se pueden hallar también datos sobre la atmósfera del exoplaneta, si esta existe. Un inconveniente es la tasa relativamente alta de falsos positivos que genera y que obligan a ser cautelosos con los hallazgos y a corroborarlos observando más tránsitos.

Combinando los dos últimos métodos podemos conocer la masa, la forma de la órbita, el diámetro y la composición de la atmósfera del exoplaneta si este tiene alguna. Así es posible encontrar lugares propicios para el desarrollo de la vida como la conocemos. Pero planetas con agua y a la distancia de su estrella que permita que ésta se encuentre naturalmente en estado líquido no garantizan que sean como la Tierra. Deben darse otras condiciones que hagan a un planeta habitable, como que no esté expuesta al impacto de asteroides. Sobre este punto caben destacar los estudios que apuntan a que la presencia de un gran planeta gaseoso en el sistema  hace de escudo de asteroides al menor y más interior planeta rocoso. Según esto habría que buscar que el exoplaneta tuviera “hermanos mayores” como nuestros Júpiter o Saturno, cuya mayor atracción gravitatoria les protegiera.

Con todo, no podemos saber si alguno tendrá vida, pues aún no comprendemos cómo apareció esta en nuestro planeta. De momento tenemos que conformarnos con mirar hacia las estrellas, estudiando los exoplanetas que encontremos y soñando con poder visitarlos algún día.

Representación artística de  un viaje interestelar

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