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El Niño

Eduardo Mirón López
@EduardoMirónLpz


En la memoria de muchos quedan los desastrosos efectos que provocó El Niño en 1997: inundaciones en California, tornados en Florida, incendios en Indonesia, escasez de peces en Perú y una sequía en Panamá que llegó a poner en peligro el transito de barcos en el canal. Todos estos fenómenos estaban relacionados con el fenómeno meteorológico conocido como El Niño.

Tornado en Miami, 1997

El nombre científico de este fenómeno es Oscilación del Sur El Niño (ENSO por sus siglas en inglés). Ocurre cíclicamente, pero su periodicidad no es constante. Sus efectos pueden aparecer con entre tres y ocho años de diferencia. El nombre de El Niño le fue dado por pescadores peruanos hace cerca de un siglo al observar que en algunas navidades la corriente fría que venía del norte y en la que solían faenar, desaparecía y con ella los peces que solían pescar, siendo sustituida por otra caliente proveniente del sur.

Para entender el funcionamiento de este fenómeno meteorológico hay que partir del ciclo común que se da entre mares y atmósfera. La luz solar hace que en un día soleado la temperatura de la tierra aumente más rápidamente que la del mar. Esto hace que el aire sobre la tierra se caliente antes y ascienda para ser sustituido por el aire más frío que estaba sobre el agua marina. El aire caliente se va enfriando y vuelve a descender sobre el mar. Este ciclo hace que la humedad vaya con el aire, apareciendo nubes y lluvia cuando el aire caliente y húmedo se enfría.

El sencillo mecanismo explicado en el párrafo anterior puede aplicarse al planeta entero. Durante el año, los rayos solares caen más perpendiculares sobre las zonas tropicales de los océanos, haciendo que estas aguas se calienten más que las situadas en otras zonas. El aire caliente y cargado de agua se eleva entonces de las zonas ecuatoriales y se desplaza hacia los polos. La rotación de la Tierra entra también en juego y hace que aparezcan corrientes como los vientos alisios. Un mecanismo análogo tiene lugar en los propios océanos, creando las corrientes oceánicas como la corriente del Golfo o la de Humboldt.

Corrientes normales en el Pacífico

Esto es lo que ocurre normalmente y explica hechos como que la costa del Pacífico en América del Sur sea en general seca, mientras que en la costa asiática proliferan selvas y bosques lluviosos. Pero cada cierto número de años el ciclo no se cumple y aparece El Niño.

El fenómeno comienza en el Pacífico Sur, cerca de las costas de Perú. Generalmente el aire frío en el Pacífico peruano es demasiado denso para elevarse lo suficientemente alto como para formar nubes. Esto hace que las lluvias escaseen en grandes zonas de Perú y Ecuador. Ello da lugar a que haya zonas desérticas en dichos lugares. En esas zonas desérticas que se encuentran alejadas de la costa el aire es también denso y frío. El aire denso equivale a altas presiones y la combinación de los factores antes explicados hace que normalmente el aire caliente y húmedo en el Pacífico al sur del Ecuador sea empujado hacia Asia. Durante El Niño esto no es así. En este caso, el agua del Pacífico cercana al norte de Perú es inusualmente caliente y esto hace que la presión del aire de la superficie sea menor, lo que se traduce en vientos insuficientes para llevar el aire húmedo al sudeste asiático. En estos casos el aire asciende directamente y al condensar su humedad descarga lluvias anormalmente fuertes sobre América, a la vez que priva al sur de Asia de las precipitaciones acostumbradas.

Corrientes en el Pacífico durante El Niño

Gracias al conocimiento que ahora tenemos de este acontecimiento climatológico y a los avances técnicos en la medida de la temperatura del agua en la superficie del Pacífico se puede anticipar la llegada el El Niño y paliar sus otras veces desastrosos efectos. Cuando se observa que esto pase se informa a los agricultores para sembrar ese año variedades distintas de cereal que resistan un clima inusual en la zona, se refuerza la prevención de incendios en Oceanía y el sudeste asiático y se prepara a la población para soportar las inclemencias meteorológicas por llegar.

Este año, el satélite Jason-2 ha observado grandes similitudes entre la temperatura del agua de superficie del Pacífico y las que se dieron en la primavera de 1997. Esto apunta a que El Niño podría darse de nuevo en 2014. Aunque todavía no puede darse por seguro ni saberse la fuerza con la que se daría, sí se puede empezar a trabajar para evitar desastres como los de hace 17 años.

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