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Ébola

Eduardo Mirón López
@EduardoMirónLpz


Desde el pasado verano la preocupación a nivel internacional por el brote de Ébola en África Occidental ha ido en aumento. En este artículo vamos a poner en claro lo que se conoce de la materia, poniendo especial énfasis en qué es este virus, cómo es la enfermedad y en la historia de los brotes de Ébola.

El virus del Ébola es de la familia Filoviridae y concretamente del género Filovirus, al que pertenecen él y el virus de Marburgo. Es de morfología variable y sus viriones (así se denomina a cada partícula infecciosa completa) suele tener forma de filamento, llegando a ser de hasta catorce micrómetros de largo. Su encapsulado es de  unos 80 nanómetros de diámetro y está cubierto de espinas de siete a diez nanómetros de largo. Bajo la cápsula hay una estructura proteica. Ésta rodea al nucleoide que alberga el genoma del virus: una única molécula de ARN monocatenario lineal de polaridad negativa, que contiene la información codificada para replicar las siete proteínas estructurales del virión. El virión va empaquetado en restos de la envoltura celular de la célula huésped en la que se creó.

Como todo virus, el del Ébola es incapaz de replicarse a sí mismo, necesitando una célula huésped para poder reproducirse. La forma de entrar en dicha célula es a mediante algunas proteínas del organismo huésped. El virus se une a la proteína y entra como polizón en la célula ahora infectada. En el caso del Ébola, los estudios realizados muestras que dos proteínas son las que pueden transportar el virus al interior de una célula sana: la NPC1 y la TIM-1 (también llamada HAVCR1). Los estudios en ratones demuestran que aquellos con defectos o modificaciones en dichas proteínas no se veían afectados por la enfermedad.

Una vez dentro de una célula sana, el virus del Ébola comienza a copiarse utilizando enzimas propias y otras de la célula infectada. El proceso comienza cuando el virus traspasa las defensas de la célula unido a la proteína en la que se ocultaba. Desde la membrana de la vesícula pinocítica en la que ha entrado, inyecta al citoplasma de la célula su nucleocápside. Ésta contiene el ARN del virus que contiene la información necesaria para que la célula infectada comience a fabricar las proteínas propias del virus. Cuando dichas proteínas comienzan a acumularse en la célula huésped, el ARN pasa de utilizarse para seguir creando proteínas a replicarse y encapsularse. Estas nuevas nucleocápsides son recubiertas por las proteínas estructurales del virus ya creadas formando viriones, que destruyen la célula y emplean fragmentos de la membrana de ésta para empaquetarse.

El proceso empleado por los virus para reproducirse es altamente destructivo y dependiendo de a qué tejidos ataque preferentemente el virus, así será la gravedad de la enfermedad que produzcan. El Ébola tiene cinco cepas conocidas (subespecies del virus con ligeras diferencias entre ellas), de las que cuatro causan de la fiebre hemorrágica del Ébola. La enfermedad se incuba durante un periodo que oscila entre los dos y los veintiún días, tras los que aparecen dolores de cabeza y musculares, dolores de garganta y abdominales, sensación de debilidad y diarrea. Más tarde les siguen otros síntomas como tos seca, dolores punzantes en el pecho y deshidratación. En las últimas fases de la infección se dispara el recuento de glóbulos blancos en la sangre, se desploma el recuento de plaquetas y aparece la anemia. La muerte ocurre generalmente en la segunda semana, debido a hemorragias internas y posterior shock hipovolémico. Literalmente, la enfermedad te priva de la capacidad para coagular las heridas y luego te desangra por dentro hasta el punto que no hay sangre suficiente dentro del sistema circulatorio para que el corazón pueda bombearla a todos los órganos.

Por lo anteriormente explicado, la tasa de mortandad del Ébola oscila entre el 50 y el 90 por ciento de los infectados. Por comparar, sólo la epidemia de Peste Negra que arrasó Europa en el siglo XIV se estima que tuvo niveles parecidos.

El virus se transmite a los seres humanos por contacto con fluidos corporales de otra persona infectada (viva o muerta) o con objetos contaminados por el virus. También puede pasarse de animales a seres humanos. Los murciélagos frugívoros son los principales portadores del virus, aunque éste afecta también a otros mamíferos como primates y antílopes. El salto a humanos se da directa o indirectamente a través de estos animales.

Como notas sobre el Ébola fuera de lo estrictamente biológico, su nombre es el de un corto río  afluente del Mongala, que a su vez lo es del Congo, en el norte de la actual República Democrática del Congo. En dicha zona se identificó por primera vez al virus en 1976. Desde su descubrimiento se han contado cinco grandes brotes de la enfermedad, siendo el mayor de ellos el que comenzó en diciembre de 2013 y que ahora tiene la atención de todo el mundo. Una de las mayores preocupaciones es que la sociedad globalizada en la que vivimos está bastante indefensa ante una hipotética pandemia de una enfermedad de la virulencia del Ébola. Ahora es muy fácil desplazarse en poco tiempo grandes distancias. El Ébola no fue un problema antes porque incapacitaba a las personas infectadas y las mataba con tanta eficacia y velocidad que simplemente erradicaba a todo ser susceptible de caer enfermo en una zona y se autocontenía al no quedar nada que pudiera propagar el virus.

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