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Antoine Lavoisier

Antoine Laurent Lavoisier

Eduardo Mirón López
@EduardoMironLpz

Aunque el ser humano domina el fuego desde hace cientos de miles de años, no fue hasta hace unos pocos cientos que se conocen las leyes que lo rigen. Los alquimistas lo consideraron uno de los cuatro elementos básicos, pero sus supersticiones fueron echadas por tierra por Antoine Lavoisier, padre de la química.

Antoine Laurent Lavoisier nació  el 26 de agosto de 1743 en París, en el seno de una familia adinerada e influyente. Tras la temprana muerte de su madre, quedó al cuidado de su tía materna, que se aseguró de que tuviera la mejor educación posible. Pese a que siguió la tradición familiar y se convirtió en abogado, su pasión por la ciencia le llevó a convertirse en alumno del astrónomo y matemático Lacaille en el Colegio de las Cuatro Naciones de París. Ya en 1762 siguió las enseñanzas impartidas por Roulle sobre la química de los minerales y sus primeros estudios le valieron ser admitido en la Academia de las Ciencias a los 25 años.

En 1771 se casó con Marie-Anne Pierrete Paulze, que sería su mayor apoyo. No sólo demostró una gran habilidad para la síntesis de los resultados de los experimentos de Antoine, si no que también dibujaba los diagramas de los instrumentos necesarios para llevarlos a cabo y realizaba traducciones de estudios ingleses relacionados con los ensayos de la pareja.

"Retrato de Antoine-Laurent Lavoisier y su esposa" (1788) - Jacques-Louis David

Fue en 1771 cuando Lavoisier comenzó su estudio de la combustión, algo que le llevaría a sus mayores logros, a redefinir la química. Demostró el rol del oxígeno en las reacciones de oxidación, lo que le permitió aislar y caracterizar una gran cantidad de sustancias. Gracias a los estudios de Joseph Priestly, tuvo acceso a un método con el que producir oxígeno, que empleó en diversos experimentos en los que la aplicación de principios estequiométricos le llevaron a enunciar la ley de la conservación de la masa, la famosa: “La materia ni se crea ni se destruye, sólo se transforma”.

Los estudios químicos de Lavoisier le condujeron a desarrollar un aparato para separar el hidrógeno del oxígeno en el agua. Fue el primero en estudiar la combustión del hidrógeno. El quemador de hidrógeno que diseñó le granjeó gran fama, ya que la reacción era lo suficientemente exotérmica como para fundir el platino, algo imposible hasta la fecha. Otra celebrada aplicación del hidrógeno aislado por Lavoisier fue en los globos aerostáticos, ya que permitía elevarse hasta alturas diez veces superiores a las alcanzadas hasta entonces.

Aparato empleado para disociar agua

A pesar de su renombre como químico, la especialidad y gran pasión de Lavoisier fue la meteorología. Llevó a cabo un estudio sistemático de la temperatura y la presión atmosférica. Esto le hizo estandarizar la medida de la temperatura y establecer la primera red de estaciones meteorológicas en Europa con la ayuda de colaboradores y conocidos. Lavoisier esperaba poder proveer a los matemáticos de suficientes datos como para predecir el tiempo atmosférico, pues creía que esto sería de gran utilidad para la sociedad.

Lavoisier fue un ejemplo de hombre ilustrado y un apóstol del método científico. Su firme creencia en que medidas exactas conducen a resultados precisos le llevó a estandarizar los sistemas de medida y a desarrollar instrumentos de medida más exactos. Junto con otros científicos presentó en 1787 una relación de 55 sustancias que fueron el antecedente de la tabla periódica de los elementos. En verdad llevó luz a algo tan oscuro como la alquimia y la presentó al mundo renacida como química.

La vida de esta noble figura no se limita a la ciencia. Ocupó varios cargos públicos e impulsó reformas monetarias, tributarias y agrícolas en la Francia ilustrada. Trabajó en el cobro de tributos para el Estado, por ello fue arrestado en 1793 y condenado a muerte. Pidió al tribunal que pospusiera el cumplimento de la sentencia para que pudiera completar algunos estudios científicos, a lo que el juez respondió con “la República no necesita científicos”. Pese a los esfuerzos de su esposa, fue guillotinado el ocho de mayo de 1794. El gran matemático Lagrange estuvo presente en la ejecución, sobre la que afirmó: “Sólo llevó un instante cortar esa cabeza, pero es improbable que cien años sean suficientes para producir otra igual”.

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