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Computadores

Eduardo Mirón López
@EduardoMironLpz


Hace un par de semanas destacaba en este foro la figura de Alan Turing, que es el creador de la máquina homónima precursora de los actuales ordenadores. La mayoría de nosotros poseemos uno o varios artefactos de estos, pero a pesar de que cada día son más importantes en nuestras vidas, pocos tienen algunas nociones de cómo están hechos estos aparatos. Hoy vamos a conocer algo más de este tema.

Sea lo primero decir que el término ordenador (préstamo lingüístico procedente del francés) es técnicamente incorrecto. Estos aparatos computan datos, no los ordenan, y por ello es más correcto usar la palabra computadora para referirse a ellos. Las computadoras pueden ser digitales o analógicas, siendo las digitales las que usamos normalmente (un ejemplo de las analógicas es la máquina de Turing). Dentro de las computadoras digitales de propósito general hay actualmente una gran variedad de dispositivos: móviles, PCs, tabletas, etc. En este artículo nos centraremos en los PCs.

Una computadora personal (PC por sus siglas en inglés que suena mucho mejor) se refiere tanto al ordenador de sobremesa como al portátil. Como dato histórico, el primer dispositivo de sobremesa fue el Programma 101 comercializado por Olivetti en 1962 y el primer portátil fue el HX-20 presentado por Epson en 1981. Aunque parecen muy diferentes lo cierto es que su estructura es muy similar. En ambos casos existe una placa base, que puede tener algunas funciones embebidas y cuyo principal objetivo es conectar los distintos componentes del sistema. La placa base está compuesta por un chipset y gran cantidad de conectores de distintos tipos. El chipset no es más que un conjunto de circuitos electrónicos que gestionan la comunicación entre los demás dispositivo que conectan a la placa base. Normalmente no prestamos atención a la placa base cuando compramos un PC, pero lo cierto es que la calidad de esta limita el rendimiento de todo lo demás.

Como todo aparato electrónico, el PC necesita energía eléctrica y por ello necesita de una fuente de alimentación. Los voltajes que se usan dentro del equipo están muy lejos de los 220 V de corriente alterna a los que enchufamos el artefacto y por ello la necesidad de este componente: generar tensiones adecuadas (12 V, 5 V, etc) y proteger al equipo de sobretensiones en la alimentación. En este punto está la mayor diferencia entre equipo de sobremesa y portátil: la fuente de los portátiles suele ser externa para aligerar peso (bastante pesa ya la batería) y no calentar el equipo, mientras que en los de sobremesa es interna y tiene un ventilador que disipa energía térmica al exterior. Hablando de esto, limpiar el ventilador y no colocar el PC de forma que la salida de aire quede tapada evita una gran cantidad de problemas. Las fuentes no toleran bien las temperaturas altas y cuando se calientan en el mejor de los casos salta la protección y se apagan, normalmente se estropean y en el peor de los casos empiezan a funcionar mal, dan demasiada tensión a la placa base y la podemos ir tirando.

El siguiente elemento sí lo miramos: el núcleo. Es la parte pensante del PC y aquí los fabricantes solían bombardearnos con “este tiene X GHz”, refiriéndose a la frecuencia con la que el procesador podía hacer una operación básica. Ahora ya no suelen hacerlo porque se impone la tecnología de múltiples núcleos. Esto supone que en el núcleo haya varios procesadores conectados en el propio núcleo por canales de comunicación de muy alta velocidad, pudiendo así repartirse entre ellos la carga de trabajo y funcionar en paralelo. Otra ventaja de tener múltiples núcleos es que se consiguen rendimientos equivalentes a los de un sólo procesador con consumos de energía menores. Esto ha supuesto la revolución de la tecnología portátil, pero obliga a que para saber cómo de bueno es un procesador debamos buscar información del fabricante o leer comparativas.

El núcleo no puede ni debe hacer todas las tareas de computación. Hay procesos muy repetitivos y simples para los que usar el procesador principal es un desperdicio, o tan exigentes que  necesitarían todos los recursos disponibles. Para estos casos existen las tarjetas periféricas. Ejemplos de ellas son las tarjetas gráficas o las tarjetas de red. En algunos casos estas funciones están embebidas en la placa base, es decir, su electrónica es parte de la placa base y no se puede sustituir (al menos no fácilmente), pero normalmente son tarjetas separadas unidas por cables o enchufadas en un conector PCI o similar. Otros elementos periféricos son el lector/grabador de discos o de los antiguos disquetes.

Por último nos quedan las memorias. En un artículo anterior hablé ya de cómo están hechas las memorias ROM (las que no se borran al apagar el equipo) y el otro tipo son las memorias RAM. Aquí todos hablamos con bastante soltura de GB de memoria, pero todavía podemos puntualizar un par de cosas. Podemos tener toda la memoria ROM que queramos, una placa base estupenda y un procesador alucinante, que sin RAM suficiente el equipo y irá lento como el caballo del malo. También podemos ponerle memoria RAM como para parar un tren, que dependiendo del sistema operativo (esto es software y no entraremos en ello en detalle) puede que se use toda o no. Sirva de ejemplo el Windows 7 de 32 bits, que sólo gestiona 4GB, por lo que si nos venden más nos están cobrando por nada.

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