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Sistema Imperial

Sistema imperial

Eduardo Mirón López
@EduardoMironLpz


No, hoy no voy a hablar de nada relacionado con Star Wars, pero sí de algo tan retorcido como el mismísimo emperador Palpatine: el Sistema Imperial de unidades. ¿Piensas que nunca lo usas? Piénsalo de nuevo. ¿En qué mides el tamaño de la pantalla del televisor? En pulgadas generalmente. ¿Y en qué se suelen medir las distancias en el mar? En millas náuticas… En realidad sí que se usa. No deja de ser un incordio, pero es algo cotidiano y tiene la curiosidad de saber de dónde vienen estas unidades.

Lo cierto es que hace tiempo (bastantes años afortunadamente) en todas partes se usaban unidades de medida que hoy parecen de chiste: fanegas, celemines, azumbres. Todos medían algo y todos tenían una cosa en común: nadie se ponía de acuerdo en cuánto valían realmente. Sirva de ejemplo el codo: en el reino de Aragón eran 384 mm, en Castilla 418 mm (pero también 574 mm si se le añadía el apellido “real”), para los moriscos de ambos reino eran 610 mm… Un lío tremendo. El principal problema de todo ello era que el comercio se convertía en una aventura. Si comprabas diez azumbres de vino en Valencia, al llegar a San Sebastián tenías poco más de ocho sin haberte bebido nada por el camino. No pocas veces se intentó poner orden en las unidades de medida, pero el alcance de estas iniciativas se terminaba en las fronteras del reino. Finalmente se tuvo éxito con el sistema métrico, que se hizo obligatorio en Francia el cuatro de noviembre de 1800. Con el tiempo este sistema se fue depurando e internacionalizando.

Sistema imperial
Sistema imperial – MPH-RPM

Pero al igual que en los cómics de Goscinny, en esta historia también quedó una aldea de irreductibles. No eran galos, sino británicos y en su imperio mantuvieron las antiguas unidades. En respuesta a la iniciativa francesa, el Reino Unido estandarizó sus unidades tradicionales y las recogió en el llamado Sistema Imperial impuesto en todo su territorio en 1824. Después de muchos dolores de cabeza por convertir unidades sin disponer de calculadoras, en 1884 los británicos se rindieron y adoptaron el Sistema Métrico Decimal.

Desafortunadamente, al otro lado del Atlántico quedaban unos primos de los británicos mucho más cabezotas para este tema: los estadounidenses. Ellos mantuvieron el Sistema Imperial y lo han conservado hasta ahora, compartiendo este dudoso honor con Liberia y Birmania (aunque estos dos países han iniciado la adopción del Sistema Internacional). A día de hoy en los EE.UU. sigue sin adoptar oficialmente el sistema métrico. Esto quedaría en una anécdota de no ser la gran potencia que es. Debido a ello, los ingenieros estamos castigados a ver especificaciones de productos en libras y a hacer cosas como medir las distancias en una tarjeta electrónica en mils (no es broma, es la medida común).

Sistema imperial
Sistema imperial – Sistema métrico internacional

El principal problema de este sistema de unidades es que no sigue ninguna lógica aparente. Sirvan de ejemplo las medidas de longitud, que se basan en la pulgada (25,4 mm). El mil es la milésima parte de una pulgada (esto no es muy traumático), pero el pie son doce pulgadas, la yarda son tres pies, el rod son cinco yardas y media, una cadena son cuatro rods, un furlong diez cadenas, una milla ocho furlongs y una legua tres millas. Bendito lío. Y para mayor diversión, si mides profundidad en el mar lo suyo es hacerlo en brazas (seis pies).

El propio nombre de las unidades da una idea de su origen (muchos vienen de época romana en realidad). La pulgada viene de la medida del ancho de la base de la primera falange del pulgar de un hombre. ¿De qué hombre? Pues generalmente del rey del lugar, aunque algunos como David I de Escocia mandasen hacer la media entre varios hombres. Literalmente mandó allá por el 1150 medir los pulgares de hombres “pequeños, medianos y grandes” y hallar la media.

Más divertido aún es el origen de la legua. Los romanos la definieron como la distancia que recorre un hombre andando durante una hora. No sólo influía el largo de las piernas del sujeto, su cansancio o de qué huía (probablemente del que pensaba que medir en leguas era una buena idea), sino que dependiendo de la orografía del lugar. De los romanos también viene la milla, la distancia recorrida por un hombre en mil pasos.

Afortunadamente, en nuestra vida sólo usamos unas pocas de estas unidades con cierta frecuencia y conocer sus valores es un mal menor. Generalmente sólo recordamos las pulgadas, millas, libras, onzas, yardas, pintas, galones y acres, pero de cualquier manera es un auténtico incordio y todos nos alegraremos cuando los estadounidenses se dejen de anacronismos y usen los metros, litros y grados centígrados.

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