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Algo cambió aquella noche

Violeta Sánchez Hidalgo
@Papovav

Hace unos años leía por primera vez mi primer libro “serio”. Tartufo, del gran Molière. No habría empezado 1º de primaria cuando mi madre me sentó en ese sofá gris marengo que teníamos y sonriente me dijo: ¡Ven que te va a encantar! Y puso el libro entre mis manos. Juntas fuimos tarde a tarde desempolvando aquellas hojas sacadas de la vieja biblioteca de mi abuelo.  Aún recuerdo lo bien que lo pasé. Por eso, algunas ya no tardes, noches, cuando me siento a gusto, en compañía, me atrevo a mirar detrás de las bambalinas de las obras de teatro. Así pasó esta vez. Entre manos teníamos El Rinoceronte de Eugène Ionesco.  Sus labios me dijeron:

– Escucha, voy a seguir por el tercer acto. ¿Recuerdas, desde la última vez? Daisy y Berenguer están encerrados en la casa intentando no convertirse en rinocerontes cuando todos sus amigos ya lo han hecho

Yo respondí  “sí”, y con ojos de deseo porque siguiera leyendo le invité a continuar, pero no era consciente de lo que mientras leía iba sucederme, ya no volvería a ser la misma. Nunca más.

¡El hombre no es feo, el hombre no es feo!

(Se mira pasándose la mano sobre el rostro).

¡Qué cosa más rara! ¿A qué me parezco ahora? ¿A qué?

(Se precipita hacia un armario del que saca fotos; las mira).

¡Fotos! ¿Quiénes son esas personas? ¿El señor Papillon, o más bien Daisy? Y ése, ¿es Botard o Dudard, o Juan?, ¿o tal vez yo?

(Se precipita de nuevo hacia el armario de dónde saca dos o tres cuadros).

Sí, me reconozco, ¡soy yo, soy yo!

(Va a colgar los cuadros sobre la pared del fondo, al lado de las cabezas de rinocerontes).

Soy yo, soy yo.

(Cuando cuelga los cuadros, se ve que representan a un viejo, una mujer gorda, otro hombre. La fealdad de estos retratos contrasta con las cabezas de rinocerontes que se han vuelto muy hermosas. Berenguer se aparta para contemplar los cuadros).

No soy hermoso, no soy hermoso.

(Descuelga los cuadros, los tira al suelo con furia, va hacia el espejo).

Ellos son los hermosos. ¡Me equivoqué! ¡Oh! Cuánto quisiera ser como ellos. No tengo cuerno, ¡ay! Qué fea es una frente lisa. Me harían falta uno o dos para destacar mis rasgos hundidos. Tal vez me salga uno y no sentiré más vergüenza, podré ira reunirme con todos ellos. ¡Pero no me sale!

(Se mira las palmas de las manos).

Tengo las manos húmedas. ¿Se volverán rugosas?

(Se levanta el saco, se abre la camisa, contempla su pecho en el espejo).

Tengo la piel fofa. ¡Ah, este cuerpo demasiado blanco y peludo! ¡Cuánto quisiera tener una piel dura y ese magnífico color verde oscuro, una desnudez decente, sin pelos, como la de ellos!

(Escucha los berridos).

Sus cantos tienen atractivo, un poco áspero, pero un atractivo indudable. Si pudiera hacer como ellos.

(Intenta imitarlos).

¡Ahh! ¡Ahh! ¡Brrr! ¡No, no es así! ¡Intentemos de nuevo… más fuerte! ¡Ahh, ahh, brrr! No, no, no es así, ¡qué débil es, cuánto vigor le falta! No consigo barritar. Solamente aúllo. ¡Ahh, ahh, brrr! Los aullidos no son berridos. Cuántos remordimientos tengo, debería haberlos seguido a tiempo. ¡Ahora es demasiado tarde!

¡Ay, soy un monstruo, soy un monstruo! ¡Ay, jamás me convertiré en rinoceronte, jamás, jamás! Ya no puedo cambiar. Quisiera, lo quisiera tanto, pero no puedo. Ya no me puedo ver. ¡Me da demasiada vergüenza!

(Le da la espalda al espejo).

¡Qué feo que soy! ¡Pobre del que quiere conservarsu originalidad!

(Tiene un brusco sobresalto).

¡Y bueno, tanto peor! ¡Me defenderé contra todo el mundo! ¡Mi carabina, mi carabina!

¡Me defenderé contra todo el mundo! ¡Soy el último hombre, seguiré siéndolo hasta el fin! ¡No capitulo!

Y así fue, no volví a ser la misma. Algo en mi entendió la dificultad de aquellas personas. Daisy y Berenguer, los protagonistas  vivían encerrados en un mundo, en su vida, en la necesidad de seguir viviendo, pero sin nadie que los entendiera. Al sentir esta angustia a través de la obra también entendí  la dificultad de los autistas. Ellos, al igual que los protagonistas de la obra de teatro, tienen dificultades para comunicarse, sociabilizarse y esto también hace que se restrinjan sus intereses. Con la impotencia que supone saber que su forma de comunicarse no es la nuestra, y que, por eso, no siempre son comprendidos hoy, día 2 de abril, día Mundial de Concienciación del Autismo queremos rendirles homenaje desde Hombre en camino y que tú te unas a nosotros.

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