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Acero Damasquino

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Eduardo Mirón López
@EduardoMironLpz


Este artículo será mucho más interesante para aquellos que sean seguidores de Juego de Tronos, ya sea por los libros, la serie de televisión o ambos. Acaba de terminar la quinta temporada (tranquilos los que no hayáis visto el final que no haré spoilers) y si bien en ésta se han desviado bastante de los libros, algo que han mantenido es el llamado acero valyrio. Para los que no sigan la serie, es un metal casi mágico cuyas técnicas de fabricación se han perdido. Todo ello hace que las pocas armas de dicho acero que se conservan sean de gran valor en la saga. Lo que la mayoría de los seguidores de la obra de G. R. R. Martin pueden ignorar es que está basado en algo real.

Lo que en la ficción se llama acero valyrio, en la realidad es conocido como acero damasquino. La descripción de armas de un metal ligero y resistente, que no pierde el filo y cuya superficie muestra un sinfín de vetas claras y oscuras valen tanto para hablar del ficticio acero valyrio como para el muy real acero damasquino. Queda por probar si el acero de Damasco es anatema para los caminantes blancos, pero eso parece más complicado de demostrar.

En la famosa saga, la ciencia para fabricar acero valyrio se ha perdido hace tres siglos. El acero damasquino se perdió también hace un tiempo similar y desde entonces se ha falsificado con mayor o menor éxito, ya que las hojas de este metal alcanzan unos precios extraordinarios. Por suerte para nosotros, la ciencia metalúrgica ha avanzado enormemente desde que se perdieron los secretos de su forja. Recientemente, algunos metalúrgicos se ayudaron de la investigación histórica y la experimentación científica para tratar de resucitar el auténtico acero damasquino. Hace unos años se volvieron a forjar hojas de este metal y hoy la patente es propiedad de la Universidad Complutense, cuyos investigadores resolvieron el misterio.

Pero antes un poco de historia. El acero damasquino se hizo mundialmente famoso durante las cruzadas. No hay que dejarse engañar por las películas de Hollywood, los caballeros cristianos no esperaban que sus espadas cortaran a los caballeros árabes. La realidad es que las armaduras habían superado hacía mucho a los filos de las armas. En un combate entre caballeros completamente cubiertos de malla de acero, coraza, yelmo y demás elementos defensivos, la mayor posibilidad de victoria pasaba por golpear con fuerza suficiente como para partir el hueso que había bajo tanto metal. Por ello eran más comunes las mazas o, en su defecto, picos y lanzas que con algo de fortuna y mucha fuerza podían perforar el metal. Las espadas eran un arma auxiliar y sólo tenían la utilidad que vemos en las películas contra enemigos no acorazados. Todo ello no hizo sino aumentar la sorpresa de los cruzados cuando observaron que algunos caballeros musulmanes portaban sables de un metal extraño capaz de cortar el acero cristiano con preocupante facilidad. Existen escritos que describen yelmos partidos en dos por una espada sarracena. Llamaron a este metal acero de Damasco, pues pensaban que de allí era originario.

Acero damasquino

La realidad es que las primeras noticias que se tienen de este acero vienen de la India. Según las crónicas del historiador Lucio Flavio Arriano (siglo II d. C.) cuando el recién subyugado rey Poros del Punjab presenta sus mejores regalos ante Alejandro Magno el más destacado era un cofre de oro macizo. Los macedonios se preguntaban qué tesoro podría contener que fuera más valioso que el propio cofre, cuando lo abrieron quedaron decepcionados al ver unos lingotes de un acero, pero eran lingotes de puro wootz, la materia prima del acero damasquino hasta entonces desconocido en occidente.

Puede que la técnica original para obtener este acero venga de  la India (de hecho los persas lo llamaban acero indio), pero el núcleo de su producción estaba en Isfahân (ciudad actualmente en Irán). Allí fue donde se perfeccionaron las técnicas para obtener las hojas no sólo más resistentes, sino también las más bellas. Sus secretos se difundieron por el mundo musulmán durante la edad media, pero sus secretos nunca fueron asimilados por los herreros cristianos y se perdieron a medida que la influencia musulmana se retiró de Europa. No obstante, es muy probable que parte las técnicas del acero damasquino fueran precursoras de las de la obtención del último acero de renombre antes de la revolución industrial: el acero toledano. Por desgracia no se ha encontrado evidencia documental de ello.

Gracias a un excelente trabajo de investigación por parte de un grupo de investigadores españoles, hoy sabemos cómo obtener de nuevo este bello acero. Para aquellos que tengan curiosidad sobre el tema, hay una tesis sobre el la citada investigación disponible online (la parte de investigación histórica es accesible a cualquiera, pero para entender la parte técnica hacen falta conocimiento de metalurgia). Si alguien está interesado en forjarse una espada única o quiere estar preparado por si de verdad se acerca el invierno, no podrá decir que desde Hombre en Camino no facilitamos las cosas.

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