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Para seguir siendo un pequeño principito

Autor invitado / Fran Rico Rodríguez

A la vista de las discrepancias entre las ideas absolutas en la sociedad actual, el AMOR no encuentra cabida en un mundo donde, lo inteligible, no entra en las mentes del racionalismo. Entonces, ¿Qué es el amor? ¿Eso que tanto se habla en cualquier tipo de tertulia, esa palabra que es capaz de mover a las personas e incluso hacerlas morir? Amor es una acción, es la capacidad a la que aspira el cuerpo para conocer un mundo superior, Lo Divino. La negación de un mundo superior se ve falseada con el acto de amar: cómo explicar sino el sentimiento de cada uno, eso que se interpone entre conocimiento y realidad, que encamina a la razón. La acción de amar, no es solo una: existen diferentes formas. No es lo mismo el amor entre dos jóvenes que el de dos amigos, el de una madre a su hijo o viceversa, el amor a una mascota que amar a la Patria, el amor a un símbolo que el amor a Dios.

Esta pérdida del amor como fuerza de espíritu es algo de gran importancia en el mundo moderno que nos ha tocado vivir. Platón hablaba de dos niveles de amor: el primer escalón es el que está presente, lamentablemente, entre mis contemporáneos. Incluso el que predica espíritu, también lo siente, porque el primero es compatible con el segundo escalón. El nivel superior se trata “del que no se puede ver”, pero sí se puede sentir. “Lo esencial es invisible a los ojos”, que diría Antonie de Saint-Exupéry en esa gran “pequeña” obra llamada El Principito, dedicada a un adulto cuando era niño. Los niños tienen la capacidad de ser sorprendidos, de creer más allá de ellos mismos, en cambio, los mayores se creen más inteligentes cuanto menos creen en un más allá, una actitud puramente nihilista al crear mitos en personas vivas, como las dictaduras, o creer un crecimiento lineal de la civilización como teorizó Charles Darwin y plasmó el teutón Nietzsche con su superhombre… ¿Y después de él qué habrá? George Bernard Shaw no podía pensar más que en sí mismo debido a una conducta individualista drástica:“El salvaje se inclina ante ídolos de piedra y madera; el hombre civilizado ante ídolos de carne y hueso”.

El primer nivel de amor, más rudo y primitivo, intelectualmente hablando, se observa en diferentes ámbitos de la sociedad. Los hombres son capaces de desear a mujeres hermosas por su simple cuerpo sin tan siquiera mirarles a los ojos, donde el rostro es el espejo del alma. Llama la atención en nuestro ámbito laboral que algunas chicas jóvenes y atractivas hayan llegado a trabajar en unos cargos que no se han merecido si se tiene en cuenta su carrera periodística. Pero, ¿qué más da? Hay que dar a la audiencia lo que quiere. Este es un mero ejemplo, pero que se traslada a las parejas. Amar es conocer o incluso re-conocer el alma de otra persona, no solo la materia. La cantidad de matrimonios rotos, de cuernos, de musas en la calle atienden a este gran problema. Es un nivel básico de amor que debería complementarse con el más bello: el camino del amor hacia el absoluto de belleza, que no es más ni menos que conocer el interior de una persona.

Sin embargo, esa acción inteligible de amor requiere un esfuerzo que cantidad de personas no están dispuestas a hacer porque el corazón es uno de los músculos más cansados de ejercitar, pero la gratificación es mayor que la del resto. Un resultado que no se puede contar, no se puede tocar y muchas veces se desprecia su sentimiento. Otro ejemplo es posible aplicarlo cuando un amigo te habla de que ha conocido a una chica de la que se siente profundamente enamorado. Al preguntarle por ella, en contadas ocasiones salen de la boca: ¿Te lo pasan bien con ella? ¿Cómo tiene la mirada? ¿Qué tono de voz tiene cuando habla o qué sientes cuándo piensas en ella? Este modernismo latente en el corazón sin pulso de las personas sacará cuestiones como: ¿Qué estudia? ¿Dónde trabaja? ¿Qué coche tiene o dónde viven sus padres? De esta forma es imposible dar el paso hacia el amor de por vida entre dos jóvenes y mucho menos conocer el amor infinito, que no es otro que Dios.

Con el amor superior, se llega a la belleza, sabiduría o felicidad como destino de los hombres. Es un amor, como he dicho antes infinito y que hoy en día se ha denominado “amor platónico”. El genio ateniense dejó para la historia en El Banquete que hay que aprender a amar antes de amar. Ese camino para llegar a Lo Divino se logra a través del pensamiento, la más bella forma de conocer lo que las cosas son, el porqué de las cosas, “el arché de la physis”, en definitiva, el camino de vuelta para saber quiénes somos nosotros mismos. Vuelvo a citar al gran piloto de avión francés con corazón de niño: “La fidelidad comienza con ser fiel a uno mismo”. El Principito sale de su planeta y no sabe por qué debe hacer más caso a su planta, ni deshollinar a sus tres volcanes, uno de ellos inactivo. Se da cuenta en la Tierra de que hay muchísimas plantas y no solo la suya, pero RE-CONOCE por qué debe proteger a su planta que solo tiene tres espinas para defenderse: “¡Y yo que la dejé abandonada! ¡Sola!” El protagonista ha creado un vínculo más allá de la materia con una flor a pesar de que el mundo está lleno de flores completamente iguales, pero él tiene su flor.

Ante una sociedad que no quiere reconocerse, que niega la existencia de la belleza como si todo pudiera ser bonito y feo a la vez. El amor es un medio, un “Daimon” que separa lo bueno de lo malo, lo horrible de lo hermoso, la materia del espíritu, los principios de los valores… Porque ante todo busca la verdad. El “eros” pasa a todos los ambientes de la vida. Por eso, una artista no lo es solo por pintar un cuadro, ni un músico lo es por tocar un instrumento; tanto el cuadro de ese pintor como las notas que salen del instrumento del músico deben ser medios que busquen la verdad, no deben ser fines en sí mismos. Y voy con otros dos ejemplos terrenales: 20.000 jóvenes necesitan abstraerse de la realidad mediante sustancias químicas para poder disfrutar con una canción que es solo ruido, ¡no dice nada! Eso es feo. En galerías de arte, Hitler nunca triunfó a pesar de realizar diferentes cuadros porque su pintura no tenía como objetivo buscar la verdad. Tampoco un plátano amarillo sobre fondo blanco con sombras negras “popartianas”, aunque haya dado paso a un tipo de movimiento artístico que tenga un museo en la ciudad más visitada del mundo con miles de “amantes del arte” por sus pasillos vacuos.

Cuando dar la espalda a lo supremo se convierte en una moda, la civilización pierde el orden y también su devenir. Se construye un paraíso terrenal sobre arenas movedizas. Pero tranquilos, las encuestas revelarán que en el 2025 no habrá crisis y que la renta per cápita aumentará en 33’3 puntos. Mientras todo sea cuantificable, el hombre seguirá girando sobre sí mismo. Lo bello, es aquello que no se puede explicar con palabras, porque el lenguaje es algo imperfecto, por él salen palabras bellas, pero también feas. En cambio, el alma persigue algo tan grande, que no tiene sentido que sea cuantificable. Ya no vale creer que querer a una persona sea el tiempo que se pase con ella, los regalos que se le haga o las veces que os acostéis juntos. Hay algo más allá.

Espero no hacerme nunca mayor para que no me digan cuánto puedo querer o para que mi corazón siga llenándose de espíritu a través de una simple mirada.

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3 Responses

  1. Ignacio

    Este ensayo, desde mi humilde opinión me parece una maravilla. Un manera muy concreta de expresar lo que muchos pensamos y aún más anhelamos. Sin embargo, os invito a todos a que reflexionemos un poco y vallamos un Pelín más allá. Lo que quisiera plantearon a raíz de esta exquisita lectura, es qué pensáis sobre nuestro “mundo moderno”, ¿cómo acabará? ¿Qué será de todas las personas que hoy viven perdidas, que no aman, que no se sienten amadas? Y nosotros, ¿qué es de nosotros? ¿Hasta qué punto “amamos el amor”? Se me ocurren muchas cuestiones más, pero no quisiera alargarme en exceso. A lo que voy, es que cada uno de nosotros debe reflexionar y planteárselo seriamente como bueno filósofos (en el sentido etimológico de la palabra). Muchas gracias a todos y en especial a nuestro amigo Francisco por esta delicia de ensayo.

  2. Fran

    “Es mucho más fácil hacer una descripción del Cielo que trazar un mapa para llegar a él”. Decía un economista, Bernstein, que si estamos en el primero de los casos, habremos hecho un gran servicio a la sociedad. Gracias por los comentarios.

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