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Victoriana

Carlos Bonete Vizcaino


La exposición titulada “Alma-Tadema y la pintura victoriana” muestra 50 obras con las que el Museo Thyssen-Bornemisza pretende resumir la pintura de los reinados de la reina Victoria y su hijo el rey Eduardo. Este conjunto de cuadros pertenece a la Colección Pérez Simón y en ella podemos encontrar eclecticismo, esteticismo o, fuera de las corrientes artísticas más comunes, el simbolismo de Henry Payne.

Durante la época victoriana tuvo lugar la revolución industrial, cuyos efectos negativos ya son de sobra conocidos. Este intenso periodo de cambios motivó a William Morris a crear el movimiento Arts & Crafts, más interesado en las manualidades y en las artes aplicadas. Junto con los artistas prerrafaelitas, sus impulsores quisieron disolver la jerarquía artística del Renacimiento y destacar las “artes menores” con belleza y estilo.

Varios elementos comunes aúnan a los herederos del prerrafaelismo y a los partidarios de la narración, el naturalismo y la exaltación de la belleza. Las obras de esta exposición, pintadas sin premisas, con decoración, ritmo, y sentimiento, proponen un camino hacia una verdad que difiere del arte académico de la época, insistente en el manierismo italiano.

El paseo con los artistas de la muestra, Alma-Tadema, Burne-Jones, Sir Frederic Leighton, Albert J. Moore o Dante Gabriel Rossetti constituye una experiencia onírica, con figuras románticas y melancólicas. La poesía se trasladada a la pintura y se ubica en la Antigüedad, en ambientes medievalistas o en paisajes orientales. Esta sumersión en el pasado con mitos y leyendas empapa también a pintores como Velázquez, Tiziano, Frans Hals o Reynols, los cuales significan mucho para los artistas decimonónicos.

Según avanzamos en la exposición, encontramos, de forma reiterada, la figura de la mujer. La belleza femenina y seductora supone una reelectura del desnudo de tradición clásica contra los prejuicios de la sociedad del momento (Andrómeda). También la belleza formal escultórica es un punto clave, pues se aplica a todas las figuras con un efecto clásico, monumental, pero mágico.

Lawrence Alma-Tadema, quien da nombre a la exposición, nació en Países Bajos. Se formó en Amberes. Su trabajo se abre a la antigüedad en Italia (1863) cuando el marchante belga Ernst Gambert le animó a trasladarse a Londres, donde tendría oportunidades con el mercado anglosajón. Su temática viaja con escenas domésticas, íntimas, que sirven para reconstruir indumentarias, lugares históricos, etc., siempre desde el realismo, el naturalismo y las expresiones de acuerdo al estado sentimental de los retratados. La historia romana que pinta Tadema no es la de los héroes o la de la grandeza imperial, sino la de la oscuridad del asesinato y de la intriga. Por tanto hablamos de un dualismo muerte-placer muy presente en sus obras, por ejemplo en Las rosas de Heliogábalo.

Finalmente, llega el momento en que dejamos el trazo preciso de los prerrafaelitas, en pro del color y la atmósfera pictórica. Las afinidades entre el prerrafaelismo y el simbolismo las plasma A. Payne, miembro de Arts & Crafts. Brillantez y nitidez propias del arte vitral comparten la melancolía y la estética del simbolismo, que se encontraba aún en su nacimiento.

REVISTA DE LA EXPOSICIÓN

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