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“Una creación orientada a una tarea”

Fernando Bonete Vizcaino

En 1917 Rusia cambiaba para siempre. Las dificultades económicas propiciadas por la Gran Guerra, el descontento social ante la impotencia del régimen zarista y las manifestaciones ocasionadas por el grupo de intelectuales liderado por Trotski y Lenin desembocaban irremediablemente en una Revolución que traería consigo el primer estado socialista de la Historia.

Una nueva sociedad con una nueva manera de entender la realidad. El arte soviético, reflejo de este cambio desde el primer momento, maniobra con un giro sustancial para caminar a partir de este momento de la mano de la función social. Ha nacido el constructivismo ruso, una vanguardia que con el nuevo interés de los artistas y el beneplácito del incipiente gobierno da sus primeros pasos rodeado de la ilusión formal del idealismo. Propuestas utópicas imbuidas en el favoritismo a los preceptos comunistas surgen como un respiro fresco y original para renovar las rígidas estructuras zaristas.

Con Stalin, el nuevo régimen y sus transformaciones encuentran el peso político de una dictadura que conseguirá ahogarlos. La ideología imperial del “padrecito” frenará las ilusiones creadoras de los artistas rusos para definir una evolución social sin sorpresas para su mandato. Esta etapa, en cualquier caso, y al margen de planteamientos políticos, dará luz a magníficas creaciones de gran monumentalidad que pese a no gozar de la novedad y originalidad anterior dan muestra de su validez artística y singular belleza.

Constatación de esta propuesta procedente del realismo socialista es la Universidad Estatal de Moscú, construcción más alta de la ciudad (fabulosa la alegoría al conocimiento como conquistador de la esfera celeste) y punto de referencia arquitectónico junto con otras seis edificaciones de gran formato que llamaban la atención sobre el poder del Estado soviético no solo a sus ciudadanos (la mayoría de ellas fueron levantadas por los presos de los campos de concentración stalinistas), sino también a su ya por entonces archienemigo Estados Unidos (un desafío a los rascacielos americanos). [Las edades de Rusia – Informe Semanal]

Y del funcionalismo por y para el pueblo al aspecto comercial y dialógico con la Unión Europea. El Año Dual Rusia-España 2011 responde a la iniciativa aprobada en conjunto por la UE y el Estado ruso en 2010 con la Declaración de Rostov del Don, en la que se llamó a la creación de “un marco flexible para sacar adelante las reformas, fomentar el crecimiento e incrementar la competitividad”, siempre en un espacio contextual marcado por cuatro sectores principales: economía, libertad y justicia, seguridad exterior, educación, cultura e investigación científica. La intención de esta promoción cultural de Rusia se hace eco de sus pretensiones económicas, por lo demás afirmadas y confirmadas por Dmitri Medvédev, como la de ingresar en la Organización Mundial de Comercio [RIANOVOSTI], adhesión que lleva intentando desde 1993.

Sin embargo, es indudable que frente a los verdaderos motivos que hayan propiciado el intercambio cultural, los cuales nos hacen notar cómo el funcionalismo soviético sigue en realidad en boga, pero a gran escala, el año España-Rusia ha enriquecido, sin lugar a dudas, la conciencia cultural nacional, y ha dejado el recuerdo de más de una maravilla artística, como se ha podido comprobar, y se está comprobando, en la formidable exposición “El Hermitage en el Prado”, las numerosas ponencias literarias organizadas por el Instituto Cervantes, los ciclos de cine de la Filmoteca Española y el Círculo de Bellas Artes, la síntesis del Museo del Romanticismo con “El Romanticismo ruso en época de Pushkin”, entre otras propuestas de la más variada forma artística. Un auténtico diálogo entre dos países que hallan su punto de encuentro en la cultura. Dos países que a partir de 2011 se conocen mucho mejor.

Continúa el camino...
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