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Regoyos, ese NO impresionista

Fernando Bonete Vizcaino
@ferbovi

En el mercado de variedades que el entramado de los medios monta con no poca asiduidad en la plaza de la Cultura, me ha dejado atónito descubrir, entre los más recientes puestos de venta, la comercialización de una serie de adjetivos escasamente afortunados acerca de nuestro Darío de Regoyos (1857-1913).

El artista español sale a subasta en el centenario de su fallecimiento gracias al Museo Thyssen-Bornemisza y su exposición temporal, por otra parte maravillosa. La puja más alta la ha dado el periodismo cultural del país, que se ha adjudicado y revendido al asturiano no solo como impresionista, sino como el impresionista que demuestra que el monopolio de este movimiento no recae solo en los franceses: “principal representante español del impresionismo”, afirma el programa de mano (!). El público cliente ha comprado a cualquier precio esta valoración, y las redes sociales bullen en réplicas de esta concepción, a todas luces (nada impresionistas) equivocada.

Verdaderas impresiones 

Las verdaderas impresiones que se desprenden de la muestra son bien diferentes a las vendidas por los medios sobre el pintor. Regoyos no es impresionista, ni siquiera cronológicamente. De Regoyos nos quedamos con su España negra. No se puede negar que en la preparación y ejecución de estas escenas se halla el más auténtico Darío.

¿Y el resto? Veremos impresionismo, sí, pero un probar en la novedad del momento, como previamente en el divisionismo practicado en París y Bruselas de manera superficial. No les va a convencer. Regoyos no se asienta en estas técnicas. No es el Regoyos simbólico y misterioso, y hasta místico, de la España negra.

Toda esta etapa intermedia es un añadido meramente experimental. Por supuesto, nada despreciable por su inmensa calidad, pero un añadido al fin y al cabo. Vaticino que el visitante de la muestra se va aburrir, como me aburrí yo, ante la producción de estos años comprendidos entre 1887 y el comienzo del nuevo siglo. Regoyos está buscando su lugar, y tenemos que perdernos con él en la maraña de propuestas desacertadas para volver a encontrarnos al final del camino. Autor, obra y espectador, los tres se dan cita al término de la inquietud de Regoyos para encontrarse con las verdaderas intenciones del asturiano, el lugar al que siempre guió sus pasos: la representación primitiva, la figura estática y rígida. De formas bien definidas, redondeadas. Colores llenos de brillo y contraste. Nada hay de efecto vibrante y materia movediza. Esto es, nuestro Regoyos es un pintor dirigido al arte naif.

¿Sorprendidos? Yo creo que la obra y vida de Regoyos cobran un nuevo y más completo sentido contemplándolo con estos ojos. Invito a volver al artista con esta nueva mirada. A devolver a los medios lo comprado. En esta propuesta que sugerimos aquí reside el más genial y adelantado pintor español: ¡ya habrá otros que se encarguen de abanderar el impresionismo español! Los hubo, y mejores que Regoyos. Su genio se proyecta hacia otros horizontes.

Museo Thyssen-Bornemisza. Paseo del Prado, 8. Madrid
del 18 de febrero al 1 de junio de 2014
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