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Spray sobre hormigón

Andrea Reyes de Prado
@AudreyRdP

Érase una vez, en 1996, un poeta y catedrático de la Universidad Autónoma de Monterrey, Nuevo León (México), que decidió que, si la gente no acudía a la poesía, la poesía acudiría a la gente. Mientras otros firmaban ilegibles autógrafos en papeles de piedra, Armando Alanís se propuso sacar la poesía de los libros para poder transmitirla a todo aquel que paseara por las calles de Monterrey. Nacía Acción Poética. Lo que empezó, hace casi dos décadas, como unas tímidas letras producto de su propio ingenio, se ha convertido, a día de hoy, en un movimiento cultural que no deja de expandirse.

Spray sobre hormigónPequeñas pinceladas de poesía sueltas en un lienzo de ladrillo. ¿Es vandalismo? ¿Es arte? ¿Y el arte, qué es? Pues una de las pequeñas grandes preguntas. Y como pequeña gran pregunta, tiene sus infinitas respuestas: para Aristóteles, el arte es «aquella permanente disposición a producir cosas de un modo racional»; para Santo Tomás de Aquino, «el recto ordenamiento de la razón»; para Ruskin, «la expresión de la sociedad»;  para Tolstoi, «una forma de comunicación que sólo puede ser válida si las emociones que transmite pueden ser compartidas por todos los hombres». Y para ti, seguramente otra definición diferente (también entre « », por supuesto).

Nadie dudaría de que cualquier obra de Miguel Ángel, Van Gogh o Rodin es arte. Sin embargo, ¿qué me dices de cuatro alambres chapuceros esparcidos por el suelo? ¿O un montón de sillas apiladas unas encima de otras? (Ambos ejemplos son improvisados, pero hoy en día a nadie le extrañaría encontrárselos en una exposición de arte moderno).

Spray sobre hormigón 2¿Y una frase escrita sobre un muro de cal? ¿Eso es arte? No hay duda de que intentar llevar la poesía a la calle es una buena intención, pero en qué sea arte o no, nunca nos pondremos de acuerdo. Eso sí, quien piense que es vandalismo, tendrá que reconocer que es una forma muy cultural y poética de hacer gamberradas. 

Yo, de momento, me acerco más a la primera opción. Y si no es arte ni vandalismo, quizás apostaría por el deseo de salvar la poesía del tsunami materialista que amenaza con ahogarla. O, simplemente, una nueva versión de la moda de escribir en menos de 140 caracteres.

Continúa el camino...
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