ARTE | Desvelar el simbolismo y el valor ideológico y lúdico del los orígenes del arte | Carlos Bonete Vizcaino
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Lo intangible del arte paleolítico

Carlos Bonete Vizcaino


Bien conocida es la problemática discusión en torno a lo que debe ser aceptado como artístico y lo que no. La corriente materialista ha insistido siempre en lo económico de los programas hallados a lo largo de la Historia y su uso, a su parecer, evidentemente utilitario. Sin embargo, reconocemos en muchos de estos repertorios, que han permanecido escondidos durante años, un trasfondo simbólico difícil de obviar que esconde el pensamiento de una cultura.
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El arte paleolítico, primero en el tiempo, lo desarrolla el homo sapiens sapiens hace 35.000 años, en el Pleistoceno superior. El arte mueble es el primero en generalizarse hace 40.000 años mientras que el rupestre comienza a producirse de manera más universal en torno al 30.000 b.p. Tenemos algunos ejemplos del primero, como la cueva Apolo 11 (Namibia), Patne (India), Hayonim (Israel) o Stadel (Alemania), y del segundo como Whartoon Hill (Australia), La Viña (Asturias) o Chauvet (Francia). En estos yacimientos encontramos artefactos -como el hombre-león de Stadel, cáscaras de avestruz con motivos geométricos, objetos perforados, pinturas, que indudablemente nos hacen pensar en un lenguaje codificado, trátese de piezas figurativas o signos y marcas.
pinturas-rupestres
Aunque la historiografía propuso definirlo como “protoarte” o “prearte” dirigiéndose a él como una serie de dibujos o esbozos, el hecho es que están aquí por algo; existe y hay detrás una causa. Por tanto, tras estos garabatos, no lejanos a lo que conocemos hoy por arte contemporáneo, hay un sentido ideológico como lo puede haber en los colorantes -estético-, en los objetos perforados -distinción social- o en las fosas que se generalizan con el homo sapiens -ejemplo de La Ferrassie- con una posible preocupación metafísica dado la presencia irrefutable de ofrendas.
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Tanto es así que, el arte, aunque tenga un motivo económico, también tiene un carácter intangible. En consecuencia no estamos en condiciones de afirmar que lo que pintaban era lo que cazaban, pues nos damos cuenta de que el 90% de los animales pintados no son animales cazados; las proporciones entre lo comido y lo representado pueden ser diametralmente opuestas. Aún así, la caza ha sido un tema del arte pospaleolítico -arte regio- y no para mostrar la alimentación, ya que ésta no es el tema del Arte, sino para hablar del poder y la distinción. No podemos atribuirles semejantes banalidades sólo porque no tengamos las palabras con las que acompañaban sus imágenes.
lo intangible paleolitico
Las soluciones que se han aportado durante todo el siglo XX se pueden sintetizar en la hipótesis del “Arte por el Arte” -semejante a pintar una pared para sentirte más a gusto-, el totemismo -identificación con un antepasado animal-, la magia simpática de caza y fecundidad -representar los animales para favorecer la caza y la integridad de la especie-, la dicotomía sexual -identificar a un animal con un género humano- y la neuropsicología y chamamismo -un repertorio debido a alucinaciones y alteración natural del organismo-. En resumen, podríamos descartar algunas de estas explicaciones por la incoherencia de ciertas manifestaciones con las hipótesis así como por el hecho de que, a pesar del paso del tiempo, se siguen reflejando los mismos temas.
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Tenemos así un arte consolidado que constituye un mensaje dentro de la sociedad en la que fue creado; un objeto o pintura que proporciona información sobre la persona a la que pertenece de la misma manera que lo hace un escudo de un equipo de fútbol o un crucifijo. Una de aquellas muestras podría provocar los mismos sentimientos de violencia o aprobación que un símbolo actual o idea contenida en una imagen. Por ello lo seguro es que sólo quien analice la cultura a la que pertenece ese arte -como apunta L. Sanchidrián, conozca el código exegético- será capaz de desvelar el simbolismo y el valor, tanto ideológico como lúdico, que esconde.
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1 Response

  1. Pablo MC

    Muy interesante, seguir al profesor J.L. Sanchidrián es arriesgado, pero coincido es que su propuesta respecto a la cultura como un principio estable del hombre resulta mucho más estimulante que cualquier teoría evolucionista o utilitarista. Muy buen artículo, siempre es bueno ahondar en la dimensión espiritual del arte como método de análisis, más allá de de los principios técnicos, históricos o ideológicos.

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