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Paco Cano: “No tengo un duro, pero yo soy millonario de amigos”

paco cano

Marisa de Toro Hermoso
@marisadetoro

Es una de las figuras del toreo. Carteles ha colgado por todas las plazas españolas. Conoce perfectamente cada Feria y es experto en la geografía y en las carreteras peninsulares. No hay ganadería que se le escape, o personaje de la tauromaquia de este siglo desconocido para él. Su prodigiosa memoria aloja imágenes de los célebres amantes del toreo. Y sobre todo, a sus cien años, el alicantino Paco Cano conserva intacta una vitalidad asombrosa. Las más famosas instantáneas taurinas de la segunda mitad de centuria son obra suya. De su mirada, que sabe captar, en el segundo preciso e irrepetible, la imagen.

Pero el maestro no está en Madrid. La conversación deberá ser telefónica. Permanece en Alicante, donde se recupera de una fractura de fémur. La sorpresa: fue consecuencia de un accidente que sufrió en la Feria de Bilbao. A este hombre no hay quien lo pare. Porque aún recorre toda España y Portugal para trabajar en el ruedo. Decenas de premios y condecoraciones persiguen a este maestro del encuadre taurino.

A las nueve de la noche, después de una tarde de reposo, Paco Cano atiende con gusto a la entrevistadora. Su débil vocecilla desempolva recuerdos, personajes, acontecimientos históricos y sobre todo, amistades. Los amigos de “Currito” son todos en los que se ha fijado el objetivo de su cámara. El maestro levanta la voz, emocionado, al hablar de ellos. Delante de un libro que recoge sus andanzas, entre burladeros y carretes, converso con el maestro durante algo más de un cuarto de hora.

-Me han dicho que está usted fastidiado, que se rompió el fémur.

-Sí, me caí en la Feria, hace ya dos meses y tengo que ir con tacataca y en sillas de ruedas; ahora con muletas… Yo qué sé.

-Pero usted tiene mucho aguante, don Francisco.

-Son cien años, hija.

-Pero usted ahí sigue, yéndose a la Feria de Bilbao y donde haga falta.

-Yo sí, hasta que quiera Dios.

Es entonces cuando, durante más de un minuto, sobreviene la tensión. Paco Cano no oye bien. No me escucha y así es imposible hablar. Una se acerca a la ventana y se coloca y recoloca el teléfono de varias maneras. Pero da igual. “Yo quiero complacerte y contestarte a todo, pero es que, yo a ti no te entiendo ni te escucho nada”. Hasta que llega la frase fatal: “¿No me podrías mandar una carta y yo te contestaría?” El maestro está cansado y la entrevista sólo acaba de comenzar. Al cabo de otros largos segundos, Cano me oye mejor y puede contestar. La conversación continúa.

-Usted ha tenido la oportunidad retratar a más de medio siglo de españoles, sobre todo de españoles a los que les gusta mucho el toro. ¿De qué se enorgullece más?

– Yo he tenido la oportunidad de retratar y de estar con Orson Wells, Hemingway, con Manolete… con todas las figuras del toreo y todos los políticos y los artistas de cine y escritores famosos. Yo he hecho reportajes a todos estos señores. Tengo un libro, que no sé si lo conoces, se llama “Los mitos de Cano” y está en la portada la mujer más guapa del mundo, que es Ava Gardner.

Amo de la fotografía

-¿Cómo ve usted que ha cambiado España desde que empezó a hacer fotografías hasta hoy?

-Pues nada, yo empecé con una maquinita pequeña, pero como fui torero, empecé a tirar fotos sin querer, y resulta que la gente decía que yo era el mejor fotógrafo taurino. Claro, que yo tengo la suerte de que he sido torero antes que fotógrafo.

-Fue cocinero antes que fraile.

-Claro, y por eso tenía la suerte de colocarme en la primera fila.

-Si no hubiera sido torero antes, ¿habría llegado a ser lo que ha sido, como fotógrafo?

-Eso siempre ha sido mejor, porque claro, conociendo el toreo, yo tenía la virtud desconocida de sacar la foto en el momento justo, antes que todos los fotógrafos que había, porque no había tiempo. Eran buenos fotógrafos, pero no conocían el toreo. Yo salí y me hice el amo de la fotografía.

-¿Sabían que no podían competir con usted sus demás colegas, fotógrafos?

-Sí, me querían quitar de fotógrafo, pero no pudieron conmigo. Yo tenía en Madrid buena prensa, en ABC, tenía mi carné, tenía todo… Y claro, me hice cargo de todo eso y la gente me quería matar, vamos.

-De todas formas, siempre se mantiene cierta amistad con los colegas, ¿o sólo es competencia?

-Para mí, son amigos. Yo los respeto, y quiero que a mí me respeten, y ya está.

Conociendo el toreo, yo tenía la virtud desconocida de sacar la foto en el momento justo, antes que todos los fotógrafos

Paco Cano

Orgullo de trabajo

-Ha conseguido usted la Medalla al Mérito del Trabajo. ¿Se siente usted orgulloso?

-Yo, si volviese a nacer, me gustaría hacer lo mismo. Intenté ser boxeador, profesor de natación, torero profesional… porque a mí el carné de torero me lo dio Marcial Lalanda, no me lo dio cualquiera.

El orgullo sale a flote en la voz de Paco Cano. Él mismo relata esta vivencia dejando una pausa después, para causar efecto en la entrevistadora. Y lo consigue. Marcial Lalanda fue una figura del toreo, un matador de toros del siglo XX muy destacado. Para él compuso Martín Domingo el pasodoble Marcial, eres el más grande. Al tararear mentalmente la pieza, acude a la vez un pensamiento: Paco Cano puede presumir de muchas cosas, porque se ha codeado con los grandes. La pasión levantina aflora en este momento de la conversación. El maestro habla de sí mismo, y se colma de autosatisfacción.

Ancianos muletazos

Y claro, yo me dediqué al toreo porque vino la guerra, y en Alicante tuve que torear hasta para los comunistas. Luego me tuve que ir a Madrid, y en Madrid me escondí y estuve escondido toda la guerra, hasta que entró mi amigo Francisco Franco. Cuando se terminó la guerra volví entonces a coger la máquina. Bueno, en realidad estuve toreando hasta el cuarenta y cinco o cuarenta y seis, y ya me retiré. Y entonces con la máquina, pues claro, dejé el toreo y me dediqué al reportaje taurino.

-Y no se arrepiente; volvería a hacer lo mismo si volviera a nacer.

-Si volviera a nacer, volvería a hacer lo mismo. Estoy orgulloso de mí… Dicen que soy millonario: no tengo un duro, pero yo soy millonario de amigos. Por donde paso, la gente me saluda con cariño y con respeto, y eso es muy bonito. Si hubiese sido de otra forma… Pues no me vería con nadie, y me llamarían hijo de la gran madre, por no decir otra cosa…

-Lo mejor que ha podido cosechar usted en su vida, millones de amigos.

-Todavía estoy recibiendo premios y trofeos, que ya te digo, en mi casa yo no sé lo que voy a hacer; todos los días con actos… Ahora he estado en Bilbao, he estado en Santander, he estado en Sevilla… ¡Yo qué sé!, todos los días estoy viajando.

-De todas formas, don Francisco, aunque ya no se ponga delante del toro, aunque fuera torero en su momento y dejara de serlo, siempre ha tenido su riesgo la profesión.

-Yo acudo todavía a los tentaderos, con los matadores, y todavía me atrevo a pegarle a la vaca dos o tres muletazos. De vez en cuando, se los pego todos los que quiero. Hasta hace poco he estado toreando, hasta hace cosas de dos meses.

-¿De verdad?

-Sí, sí, y me tiene la ganadería Miura reservada una becerra para que la toree. Para que veas que uno, a sus cien años, tiene una becerra Miura.

Conviene aclarar que la ganadería Miura es conocida por la ferocidad de sus reses. La dificultad para dominar un Miura y doblegarlo es cosa sabida y temida por los matadores. Así se explica de nuevo el orgullo de Paco Cano. Este anciano fotógrafo une su manera de ser entrañable con una bonachona altanería, típica de la juventud. Cano conserva el espíritu en muy buena forma. Y para poder dar muletazos a una vaquilla Miura, también el físico.

Estoy orgulloso de mí… Dicen que soy millonario: no tengo un duro, pero yo soy millonario de amigos. Por donde paso, la gente me saluda con cariño y con respeto, y eso es muy bonito

-Eso es digno de un reportaje fotográfico, don Francisco: un señor de cien años, toreando una becerra. Como fotógrafo, ¿qué personaje de los que usted ha retratado es el que mejor se deja fotografiar?

-Manolete.

Responde sin dudarlo, sin pensarlo casi. Paco Cano tiene muy claro quién le ha marcado, y, según lo ha afirmado en otras ocasiones, el mejor fue el diestro cordobés.

-Porque toreaba muy derecho, muy quieto, no se movía, y eso para el fotógrafo es lo mejor que hay: que esté derecho, no se mueva y baje las manos. Por eso, Manolete es el mejor que ha habido, para mí.

-¿Y personajes ajenos al mundo del toro?

-Yo tenía como amigos a Hemingway, que fue luego Premio Nobel, a Orson Wells, a Gary Cooper, a Sofía Loren, a Ava Gardner… Con toda esta gente también yo he estado hablando y pasando juergas con ellos muchas veces.

-Y la mujer más guapa del mundo, Ava Gardner, ¿verdad?

-Para mí, la mujer más guapa del mundo, ha sido ella, sí. Yo he sido muy amigo de todas, de Lola Flores…, de toda esta gente, de Pepe Marchena, de Juanito Valderrama… De todos, de todos he sido muy amigo.

-Le quería preguntar, en concreto, por José Tomás. ¿Qué piensa de él?

-Ése José Tomás es un muchacho que tiene un valor enorme. Para mí, es un torero interesante. Además de tener valor como nadie, sabe torear y es un gran torero. No creo que dure mucho en el toreo, porque está todo el día jugándose la vida, y eso es así. Pero es un fenómeno, cuando sale al ruedo están todos sus compañeros pendientes de él, y para hacer lo que él hace hay que tener lo que hay que tener. Es un muchacho que tiene mucho valor, que le sobra el valor por los cuatro costados.

La conversación finaliza cuando al anciano fotógrafo vuelve a fallarle el oído. Insiste en dar a la entrevistadora su dirección, para que pueda hacerle más preguntas y le responda por correo. Agradecimientos rechazados y recuerdos para los amigos comunes se suceden en boca de este centenario aficionado, torero y testigo (mediante el gatillo de su cámara) de las grandes faenas taurinas de este siglo. Espera volver pronto a los ruedos, a ponerse enfrente del torero y del toro para enseñar a los lectores las entrañas de la Fiesta Nacional. A sus cien años.

Continúa el camino...
Dafne

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