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La calumnia de Apeles: alegorías e interpretaciones

Pablo Martínez Carbonell


Nos gustaría acercar hoy a los lectores de Hombre en Camino una pieza de gran riqueza simbólica, realizada por Sandro Botticelli en torno al año 1495. Esta Alegoría de la Calumnia o Calumnia de Apeles fue realizada por encargo de la familia florentina Segni, según indica Vasari en su famosa obra Vidas, y se encuentra actualmente en la Sala 10 de la segunda planta de la Galería de los Oficios en Florencia. Fue adquirida por la institución en 1773 durante el gobierno de los Lorena, por lo que contra la creído comúnmente, no formaba parte del conjunto inicial cedido a la ciudad de Florencia por la última en la dinastía Medici Ana María Luisa en 1737.

Para contextualizar esta obra de arte es necesario señalar el lugar, tiempo y pensamiento en la que nació. Florencia durante el Renacimiento fue el eje de las grandes ideas; tanto en temas artísticos, como en cuestiones científicas y filosóficas. La familia Medici, que gobernaba dicha provincia, se enriquecía de forma fastuosa cada vez que había una guerra en Italia, pues, sin necesidad de intervenir de forma directa, en muchas ocasiones eran los principales sediciosos que financiaban dichos enfrentamientos. Estos grandes banqueros florentinos fueron, desde sus grandes palacios, los principales mecenas de este nuevo grupo de artistas y pensadores que dieron impulso a una nueva sociedad. Una sociedad que ya no es sólo Teocéntrica, sino que consigue situar al Hombre en el centro del saber, ensalzándolo sobre todas las cosas y depositando su esperanza en Él. Es por ello que se impulsa en estas disciplinas que se engrandezca la figura del hombre del renacimiento como imagen de Dios-Hombre. Y en medio de este renacer, aparece la figura de Botticelli, el pintor capaz de mostrar la belleza del hombre hasta en su miseria. Y así sucede de hecho en la Calumnia, que busca prevalecer la dignidad “infinita” del hombre frente al poder absoluto de la ley.

Apeles
Reproducción del original de Botticelli

Esta pintura de Botticelli está inspirada por el Dialogo en Calumnia del escritor clásico Luciano de Samosata, en la que se cuenta la historia de Apeles, un hombre virtuoso que se vio arrastrado casi a la muerte por la calumnia de un difamador. Como respuesta a esta injuria, Apeles pintó su caso dibujando al rey Ptolomeo, que le había juzgado, con unas orejas de burro. Sea cierta o no la historia que nos cuenta Samosata, los florentinos vieron en esta figura lo sucedido con el fraile Savonarola que, acusando los pecados públicos de la Iglesia y la nobleza de la ciudad, fue excomulgado y ejecutado por orden del papa Alejandro VI. Al ser Botticelli considerado partidario de este oscuro personaje de la vida pública de Florencia, se quiso ver en la Calumnia la reivindicación de lo que él consideraba una injusticia más de tintes políticos que religiosos.

La pieza está compuesta por diez personajes, sobre un conjunto arquitectónico sin un paisaje natural de fondo. En el uso cromático que se aplica, prevalece el dorado con aplicaciones puntuales de negro, azul y rojo; por lo que podemos afirmar que prevalecen los tonos cálidos y activos, haciendo enormemente dinámica toda la escena. Los personajes representados de derecha a izquierda son: el “juez malo” con orejas de burro aconsejado por la Sospecha y la Ignorancia que le susurran al oído; ante el juez se encuentra un monje que lleva a la Calumnia (personaje central de la obra) a la que decoran el cabello la Envidia y el Fraude; esta, a su vez arrastra del pelo al acusado medio desnudo que pide compasión. Los dos últimos personajes son la Penitencia, representada como un anciano escondido en sus propios ropajes y un personaje desnudo señalando al cielo que representa la Verdad que se hará efectiva finalmente.

Es de señalar varias interpretaciones interesantes. En primer lugar, la disposición de los brazos del fraile y el juez. El primero señala a los ojos perdidos del juez y el segundo se extiende hacia la calumnia, representando la aceptación de la injuria por manipulación y credulidad, sin el uso justo de la razón. En segundo lugar, es muy interesante la figura del fraile como el traidor y portador de la Calumnia, pues ahí se mostraría el poder del Papa Borgia frente a la presunta inocencia de Savonarola. En tercer lugar, la significación del cabello, cuidado y adornado en el caso de la Calumnia frente al maltrato que recibe el inocente; parece representar cómo la injusticia recibe el trato de favor que debiera recibir el acusado honrrado, como si tomase la dignidad del otro para cubrirse con ella. En cuarto lugar, la figura de la penitencia, que se acerca hacia la escena principal sin quitar la mirada de la Verdad, creando una dicotomía entre su santidad o bondad natural frente al mal uso de la misma. Por último, la figura más apartada pero de mayor valor en la obra, es la que no aparece, pero es señalada por la figura final, que en su despojo representa la Verdad desnuda no a los ojos del hombre, sino a los ojos de Dios que da testimonio y es el Juez Bueno en el día que aún no hemos visto y por ello no está representado.

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