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La biblioteca de El Greco

Andrea Reyes de Prado
@AudreyRdP

Grecia, donde nació. España, donde murió. Italia, donde se transformó. Allí fue donde empezó a hacer suya la creencia de la época según la cual el conocimiento y estudio de las letras, y el contacto con sus creadores, eran útiles e incluso necesarios para un artista. No se necesita saber literatura, matemáticas o filosofía para pintar, cierto es, pero el saber no ocupa lugar en la mente y en cambio sí en la Historia.

Interesarse por aquello que llamamos letras, por las humanidades; es algo que todo literato, arquitecto, artista o médico debería hacer. Pues es interesarse por su propio origen, el origen del hombre, su camino, su forma de ver, entender e interpretar la vida.

El Greco sabía esto, y no dudó en participar en el movimiento cultural que se daba en Venecia cuando él, aún joven en técnica y experiencias, llegó a la ciudad del agua. Ésta era entonces uno de los centros de mayor producción de libros, y es más que probable que el pintor se hiciera allí con gran parte de los volúmenes que constituirían su biblioteca, que hoy conocemos gracias a los inventarios realizados por su hijo Jorge Manuel en 1614, cuando falleció el pintor, y 1621.

El Museo del Prado, dentro de este magnífico año dedicado a El Greco, expone en una pequeña y acogedora sala 39 de filosofía, arquitectura, técnica… además de una curiosa y altiva carta, ocho estampas y cinco pinturas, entre las que se encuentra la conocida pareja formada por El soplón y la Fábula. Dividida en cinco partes, la exposición muestra desde textos que se relacionan con las raíces griegas del artista hasta algunos escritos sobre religión, que si bien fue su tema pictórico estrella, por el número de libros y anotaciones en los mismos comprobamos que no fue su predilecto en cuanto a la lectura. Un importante detalle acerca de ello, no obstante, es que debía consultarlos para conocer mejor y aprender la doctrina para poder, posteriormente, reflejarla fielmente al lienzo, algo que sin duda conseguía. Pintor de lo visible y lo invisible, se le llama. Sus obras, a través de esos gestos, posturas y miradas tan intensas, son pura alma.

La mayor parte de los volúmenes que encontramos en esta exposición, sin embargo, más tienen de terrenal que de espiritual, aunque no por ello son menos valiosos: tratados clásicos sobre arquitectura, escultura y pintura. Destacan dos nombres de sobra conocidos en la Historia del Arte: Vitruvio y Vasari, frente a quien siempre defendió la tradición pictórica veneciana, muy criticada por el tratadista por no considerarla verdadera pintura. En ambas ediciones El Greco anotó sus propias ideas sobre arquitectura, perspectiva y color, algo que sin duda resulta muy relevante e interesante para poder conocer nosotros qué visión del arte, de la historia y de la vida tenía el griego de Toledo y, en definitiva, conocerle mejor a él.

Conocimiento, aprendizaje, interés y pasión se reúnen en esta azulada biblioteca que inevitablemente recuerda a la ciudad donde El Greco, artísticamente hablando, abrió los ojos por primera vez.

Lugar: Edificio Jerónimos, planta primera, sala D
Permanencia: del 1 de abril al 29 de junio de 2014
Sitio web: La biblioteca de El Greco

 

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