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Kandinsky. Una retrospectiva en Madrid

Carlos Bonete Vizcaino


Podemos considerar la exposición de Kandinsky. Una retrospectiva (Centro – Centro) como un viaje que narra los periodos más destacados del artista. La exposición es verdaderamente una retrospectiva pues incluye obras representativas de cada fase artística -todas ellas procedentes del Centre Pompidou, al cual fueron donadas por la viuda del pintor, Nina, con el fin de agradecer a Francia la cálida acogida en tiempos difíciles.
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La muestra abarca toda la carrera de Kandinsky (1866-1944), y en Munich (1896-1914) se sitúa su primera parada. Aquí nos detenemos para ver claramente cómo los movimientos ya asentados -impresionismo, simbolismo, etc.- ejercen en Kandinsky una enorme influencia desde el inicio de la búsqueda de una nueva espiritualidad. Con respecto a esto último, es al final de esta estancia en Alemania cuando el artista empezará a aplicar su obra De lo espiritual en el arte (1911), una respuesta frente a las dificultades artístico-creadoras de la pintura  y un intento -a mi entender exitoso- de teorizar su arte para hacerlo entendible.
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011-Kandinsky in front of his work, Dominant Circle Courbe dominante, 1936
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Sin alejarnos aún de Alemania, en 1901 Kandinsky crea la Phalanx, un grupo que reúne artistas que pretenden enfrentar y cuestionar lo tradicional -algo que puede verse muy bien en su tratado mencionado cuando llama a la liberación del naturalismo y de la imitación- y que organizaron doce exposiciones a la cual acudió en calidad de invitado Claude Monet. El almiar de heno de este último artista, expuesto en Moscú en 1895, fue uno de los móviles -junto a otros hitos como la desintegración del átomo (inspirador de Rückblicke), el texto Kunstgewerbliche Laienpredigten de H. Velde, la Abstraktion und Einfühlung de W. Worringer o la ópera Lohengrin de Wagner- que provocó la búsqueda de Kandinsky de un nuevo lenguaje. Dos aspectos eran seguros: el cubismo, el expresionismo, el impresionismo eran formas abandonadas en el Arte y el objeto había sido desacreditado.
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El camino que nos lleva a la geometría y al color tan definidores del pintor se comenzó en Rusia (1914-1921), país al cual volvió después de dos décadas -su Canción del Volga refleja el primitivismo y los cuentos germánicos así como los mosaicos del mundo ortodoxo. Así, depués de sus obras que calificaríamos como “normales”- Akhtyrka, Recuerdo de Venecia 4, Ciudad Vieja II, El parque de Saint-Cloud– se dio paso a la la abstracción y la revolución pictórica –Improvisación III– a través de las formas planas y estilizadas delimitadas por contornos. En Improvisación III aparece el famoso jinete, considerado como un San Jorge -dará nombre al grupo Der Blaue Reiter-, que se repite sistemáticamente en su obra, ahora bien, de un modo más innovador. Más jinetes tienen cabida en Impresión V, donde comienza a aplicar De lo espiritual en el arte aunque las formas sigan sin tener independencia de la realidad.
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Improvisacion III
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No entraremos aquí en la teorización de Kandinsky pero sí es importante destacar la relación que el artista establecía entre la pintura y la música -el piano y el violoncello fueron dos instrumentos practicados por el pintor. Para él, la pintura tiene que aprender de la música ya que la segunda no depende de la naturaleza, habla por sí misma. Al igual que A. Scriabin (1872-1915) considera la música como una experiencia metafísica asociada al color, Kandinsky entiende que el color tiene un efecto sonoro para el espectador; una sinestesia que a modo de color y forma rítmica llega al alma humana.
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“El color es la tecla. El ojo el martillo. El alma es el piano con muchas cuerdas. El artista es la mano, que por esta o aquella tecla hace vibrar adecuadamente el alma humana”.

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Después de Rusia, la estación en la que se detuvo Kandinsky sería nuevamente Alemania. Estamos en los “años de la Bauhaus” (1922-1933). Aquí las formas geométricas comenzaron  a ocupar un lugar predominante y, por tanto, también lo hizo el color, inseparable en el lenguaje para Kandinsky, que asignaba un color concreto para cada geometría -el triángulo amarillo por ser un color agudo que apenas puede oscurecerse y el círculo azul por transmitir profundidad. Esto, unido al tratado Punto y línea sobre el plano (1926) nos puede hacer ver la importancia que tenían las diagonales, los círculos perfectos y el triángulo -todos ellos interrelacionados para lograr una obra íntegra y unitaria- como lenguaje que contacta con el alma del pintor. Así lo evidencia la complejidad de su Amarillo, rojo, azul, exponente del periodo de la Bauhaus.
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Amarillo, rojo, azul
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Finalmente, su último destino, París (1933-1944), estuvo cargado de una luz intensa en sus cuadros, resultado de la clara y transparente que podría disfrutar en su vivienda junto al Sena. Kandinsky. Una retrospectiva ofrece la oportunidad de leer el pensamiento del pintor en sus cuadros, llenos de color, de forma pero sobre todo repleto de contenido y sinceridad. Con Kandinsky no es la naturaleza sino el color y la forma lo que debe alimentar al alma;la sostienen en un determinado tono, como el diapasón con las cuerdas de un instrumento.

Continúa el camino...
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