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Hombre y mujer

Marta García Outón

Escultor y pintor madrileño. Una de las principales influencias del autor fueron sus padres, quienes trabajaron la escultura y la pintura; así, el dibujo, la escultura y la pintura forman parte de la vida del artista desde muy pequeño. Una vez iniciados sus estudios, siguió los mismos pasos de sus padres y comenzó a preguntarse acerca del sentido de la pintura; fue entonces cuando halló que la emoción residía en la luz, en los objetos, en las paredes, en los rostros… El pintor encontró la emoción en la obra de su padre, siempre cambiante, en el tiempo presente, es decir, en una vista de Madrid, en un rostro familiar… la luz o el objeto siempre se mostraban diferentes con el paso del tiempo.

Sus estudios de arte en la escuela le permitieron profundizar en el dibujo, conocer la grandeza del arte antiguo (la Dama de Elche o los bustos egipcios y griegos supusieron una gran influencia para él), así como la filosofía que se oculta tras el arte. Inició sus trabajos de escultura en la Escuela de Bellas Artes y se convirtió en el medio esencial para representar la figura humana. Para realizar las esculturas, Antonio López siguió el modelo de la antigüedad, el arte funerario de Grecia, Roma o Egipto: ojos de cristal, figuras estáticas, en donde se representa lo vivo y lo inerte.

La escultura de Hombre y Mujer (1968-1994) de Antonio López resultó de un trabajo durante veintiséis años. Son dos figuras talladas en madera de abedul y otros materiales. Un documento explica la composición del interior de las esculturas, que resultan ser el resultado de muchos fragmentos de madera, tallados y ensamblados entre sí, con tornillos y clavos, y posteriormente envuelto en tela con cola, escayola, serrín y pintada encima.

Hombre y mujer

Comenzó a trabajar en la obra hacia 1965 y en 1968, tras una exposición en Nueva York, la transformó en madera. Confuso por el ritmo que iba tomando la escultura, la abandonó hasta 1973, cuando quiso mostrarla en Londres; allí, una coleccionista norteamericana la adquirió, aunque el artista pidió que se le permitiera realizar algunos cambios en Madrid, sobre todo en la figura masculina: “Antonio soñaba con un cuerpo de grandeza intemporal, como la escultura antigua, y ningún modelo le satisfacía (…) de modo que al final, la figura Hombre terminó siendo una síntesis entre los deseos del artista y los cuerpos reales que había tenido ante sus ojos. Y le salió, como dice él siempre, una suerte de autorretrato, un autorretrato interior” (Guillermo Solana y María López, Antonio López).

Las figuras humanas aparecen desnudas, sin detalles, sin nada que las identifique, que nos recuerdan a Adán y Eva. Existe un claro contraste entre los protagonistas, no sólo por lo mencionado, las diferencias físicas, la proporción… sino porque el hombre presenta un carácter más ambicioso, potente, enérgico, frente a la mujer, que responde a una postura mucho más inhibida, similar a las hieráticas de Egipto (¿encontramos aquí también la representación histórica del arte, la unión entre la antigüedad y la modernidad?). 

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