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Historias naturales

Andrea Reyes de Prado
@AudreyRdP

Unos ojos negros, tranquilos y profundos, miran al infinito. Frente a ellos, unos ojos marrones, más inquietos y menos interesantes, contemplan su inmortalidad. Quién me iba a decir a mí que sería capaz de mantener el tipo frente a un hermoso y enorme toro que casi alcanza mi altura y me dobla en anchura. Y quién me iba a decir que lo haría en medio de la galería principal de un museo, donde, por muy realistas que sean algunas obras, una no espera que los personajes salgan de sus cuadros.

Sin embargo, algo está pasando en el Museo del Prado. Algo que, curiosamente, casa muy bien con su propio nombre: la naturaleza ha invadido el edificio. Meteoritos, minerales, plantas y animales se han colado discretamente por puertas, ventanas y sistemas de ventilación acompañados por Miguel Ángel Blanco, uno de los más destacados artistas y amantes del mundo natural. Él se encargó de dirigir este original y precioso proyecto, que incluye una cuidadosa investigación de tres años, y cuidará de que ningún mamífero o ave se escape hasta el 27 de abril de 2014, fecha en la que los 22 ejemplares volverán a sus lugares de origen. Éstos son el Museo de Ciencias Naturales, el Jardín Botánico, el Museo de la Farmacia Hispánica y el Museo de la Escuela de Minas, quienes, aunque no pictóricas o escultóricas, sin duda también contienen obras maestras.

Anatomías comparadasPintores como Velázquez, El Bosco, Patinir, Goya o Rubens custodian muestras reales de algunos elementos que aparecen en sus pinturas, permitiéndonos conocer más de cerca aquello que les inspiraba cada vez que sostenían entre sus dedos un pincel. Esto nos enseña que arte y naturaleza están mucho más unidos de lo que a simple vista puede parecer, pues ¿de dónde, si no es del mundo que nos rodea, proceden las historias que contamos a través de un cuadro o una escultura?

Ver obras como el Paso de la laguna Estigia de Patinir o Adán y Eva de Durero, se convierte en una experiencia totalmente nueva, pues nunca nos habríamos imaginado el poder tener frente a nuestros ojos la piedra que inspiró el azul de la laguna de la muerte o el esqueleto de la serpiente más malévola de la historia bíblica.

Este proyecto, además, hace un guiño al monarca Carlos III, conocido como el “alcalde de Madrid”, quien quiso compartir su amor por la ciencia y convertir la ciudad en toda una capital ilustrada. El propio Museo del Prado, diseñado en 1785 como Real Gabinete de Historia Natural, estaba destinado a albergar una numerosa e importante colección que se instaló en el Palacio de Goyeneche. Naturam et arte sub uno tecto, rezaba la inscripción de su fachada. Con permiso de Miguel Ángel Blanco, la añado como subtítulo de su exposición, pues poder disfrutar de naturaleza y arte bajo un mismo techo es, para mí, una gran oportunidad para poder disfrutar de dos de mis grandes pasiones.

No dudaré en repetir la aventura, pues no es tan eterna como la mirada del Toro de Veragua, a quien por cierto no perderé de vista hasta no hallarme a una prudente distancia de él, no vaya a ser que al darme la vuelta se repita la historia y a Zeus se le ocurra raptarme a mí también.

Continúa el camino...
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