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Flores, vacíos y silencios para Mucha

Mucha

Andrea Reyes de Prado
@AudreyRdP


Algo firme, como un muro breve y profundo, las separa del mundo exterior. Una línea decidida, un contorno, adherido a sus formas sinuosas y sus aderezos silvestres. Una enredadera lisa que las protege de quien pudiera pretender acceder a ellas. Porque las mujeres que pinta Alphonse Mucha poseen una corporeidad incorpórea y su alma es por naturaleza al mismo tiempo astuta, inocente y huidiza. Porque son mitad fémina humana mitad criatura mitológica. Como ninfas que habitan la frontera de lo posible sin llegar nunca a travesar la línea que lo permite. «Vacíos y silencios se hicieron para el ángel», versa Joan Margarit. Vacíos y silencios, llenos de poderosa y pura naturaleza, se hicieron para ellas.

Mucha
(Fuente: © Mucha Trust 2016).

Y, a cada una, le otorgó un nombre. Porque solo quien conoce el nombre de las cosas descifra cuál es realmente su esencia y su fin. Las conoce, las sabe en sí mismas. Y puede en cierto modo adueñarse de ellas. Así, Alphonse Mucha (1960-1939) creó un universo propio e inconfundible de misteriosas musas que marcaron un antes y un después en el arte. Comenzaron, desde sus largas melenas y su renacentista perfume, siendo una posibilidad. Una prueba, un boceto de sí. Se volvieron como hijas, hechas a su imagen y semejanza, inconfundibles células. Pero, con el tiempo, su intrigante atractivo y su fama vencieron y superaron a su creador, exaltándose como una propia y libre personalidad. Ese fascinante mundo, desde su origen, se acerca por primera vez a España en la exposición Alphonse Mucha que acoge el Palacio de Gaviria de Madrid, un lugar único recientemente restaurado que se estrenó el año pasado con la exitosa muestra sobre Escher y que constituye un espacio idóneo, con su elegante juego de salas y espejos, para las pinturas y carteles de un artista que supo ser equilibrio entre el elevarse hacia lo alegórico y el arraigarse a la más firme tierra.

Tras un pequeño vídeo introductorio al contexto y la biografía del artista, la exposición abarca, a través de siete secciones, sus momentos profesionales más importantes: Un bohemio en París (ciudad a la que llegó en 1887 y donde se formó y tuvo su primer gran éxito), Un creador de imágenes para el gran público (en torno al boom del cartelismo publicitario durante la década de 1890), Un cosmopolita (el definitivo auge de su fama y los viajes al extranjero), El místico (las influencias esotéricas y masónicas en su pensamiento y obra), El patriota (su regreso a casa en 1910 y la puesta del arte al servicio del pueblo) y El artista filósofo (su compromiso social extendido a su ideología más humanista). Un laberíntico y apasionante viaje por la mística dulzura de las obras de Mucha.

«El arte es la expresión de los sentimientos más íntimos… una necesidad espiritual».

MuchaUn autorretrato de pícara mirada y delicadas pinturas de su familia, como los retratos de sus hijos Jaroslava y Jirí, sirven de preámbulo a su etapa parisina, donde destacan una afable serie de fotografías de y con el pintor Paul Gauguin realizadas entre 1893 y 1894, fruto de su amistad y colaboración –puede observarse, por ejemplo, a Gauguin posando para alguna figura que Mucha se traía por entonces entre manos– y, sobre todo, el anteriormente mencionado primer gran éxito de éste: el cartel para la obra Gismonda con la actriz Sara Bernhardt como protagonista. La insólita y original propuesta del artista, quien en la Navidad de 1894 era de los pocos que no se habían marchado de la capital, embelesó a una Sara cansada de verse siempre reflejada de la misma estancada manera. «Me has hecho eterna», le dijo, asombrada y agradecida, al verse esculpida con dorados, teselas y una mirada que trasciende cualquier medida de tiempo. Y que hizo trascender al propio Mucha: pronto se convirtió en moda, y sus figuras femeninas comenzaron a invadir, con su belleza indescifrable, tanto carteles publicitarios como productos –ejemplo presente, las famosas galletas francesas de Lefèvre-Utile–. «Prefiero crear imágenes para la gente –afirmaba él mismo– a producir arte como un fin en sí mismo». Curiosa aunque no tan poco frecuente visión de un artista, que de forma natural debería crear por necesidad interior como, en paradoja, también –o tan bien– sabía: «El arte es la expresión de los sentimientos más íntimos… una necesidad espiritual».

MuchaFuera cual fuere el movimiento que le empujaba a dibujar, supo descubrir su voz propia y explotarla, sintiendo especial debilidad por las series: la dedicada al Zodiaco (1896), Las Artes (1898), Las piedras preciosas (1900) o Las estaciones (1900) son algunas de sus más hermosas creaciones, que comparten además espacio en esta muestra. Junto a ellas, títulos menos conocidos como Brezo de los acantilados o Cardo de la arena (ambos de 1902), unas preciosas escenas, muy similares en composición y estilo a las anteriores, con un aire campesino ensoñador de gran luz. Algunos retratos a lápiz, como el de Maude Adams o el de Ethel Barrymore (ambos de 1909), conviven con la serie dedicada a La luna y las estrellas (1902); fascinante cuartero nocturno de armonía, delicadeza y destino, la impresionante y evocadora Madonna de los lirios (1905) o Forest Phonofilm: Bio Adria (1927, para cuya composición posó el propio Mucha junto a su hija Jaroslava).

«Me has hecho eterna».

Y, tras el esoterismo y la magia de la noche eterna, el regreso al Mucha más terrenal: el patriota, el filósofo, el humanista comprometido. La inmersión en el proyecto Epopeya eslava, financiado por Charles Richard Crane, la decoración para la sala del alcalde en el Ayuntamiento de Praga, los primeros sellos postales y billetes que diseñó para la nueva nación o el fastuoso tríptico La edad de la razón, La edad de la sabiduría y La edad del amor –concebido como un monumento, un homenaje, a toda la humanidad– introducen al visitante en la faceta quizá menos popular del artista (pero tan significativa como las demás), y conforman el último tramo de esta completa exposición, aquí esbozada, en sus vértices principales, para que tras su lectura la curiosidad y el anhelo acudan a descubrir el núcleo de todos los ángulos de Alphonse Mucha y sus mitológicas hijas liberadas. Su embriagador mundo silencioso.

Información práctica

Alphonse Mucha

Palacio de Gaviria. C/ Arenal 9, Madrid

Hasta el 25 de febrero de 2018

Horario: lunes, martes, miércoles, jueves y domingos, de 10:00 a 20:00 horas. Viernes y sábados, de 10:00 a 21:00 horas

Entrada: 12 € (reducida 10 €)

Sitio web

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