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Federico de Madrazo en el bicentenario de su muerte

Carlos Bonete Vizcaino


Federico de Madrazo y Kuntz, figura esencial en el arte español del siglo XIX, nace en febrero de 1815 en Italia, justo en la familia y en el momento adecuados, lo que que le permitirá desarrollar sus cualidades en un ambiente erudito. Una vez fallecido Carlos IV, se traslada a Madrid en 1819 junto a su padre, quien había sido nombrado pintor de cámara de Fernando VII. Poco después quedaría inaugurado el Museo Real de Pinturas (que terminaría llamándose Museo Nacional de Pintura y Escultura del Prado), institución muy ligada a la biografía de Federico y de la cual sería director de 1860 a 1868 y de 1881 a 1894.

Desde 1934 se comienza a recuperar la antología de Federico de Madrazo, así como su recorrido personal. Por este motivo el pintor supone un caso especial: guardamos gran parte de su trayectoria vital, siendo el único del que se conserva todo su epistolario, crucial para entender los movimientos y opiniones artísticas de la corte, un ámbito al cual el artista estaba muy vinculado. Además podemos comprobar gracias a diversos documentos tarifarios la heterogeneidad de precios según la dedicación de sus retratos.

La jerarquización de los artistas dependía estrechamente del género al cual se dedicaban. Madrazo practicó desde muy joven con las obras de su padre, de carácter histórico, y por tanto jugaba con una temática que por entonces significaba el máximo prestigio. José de Madrazo intentó que su hijo se introdujera en la corte e hizo que María Cristina comprara un cuadro suyo. Además también insistió en que hiciera una prueba para acceder como académico. A pesar del ingreso en la Real Academia de San Fernando, a los dieciséis años de edad, su culminación llegó a partir de La enfermedad de Fernando VII en 1833, cuando María Cristina llevó a cabo una labor abnegada con su esposo, enfermo de gotera visceral. Esta situación proporcionó al pintor la excelente oportunidad de hacer llegar al rey una obra suya. El cuadro sería expuesto en el Real Museo de Pinturas para después colocarse en el Palacio de Vista Alegre y gozó de una amplia reproducción litográfica a cargo de Florentino de Craene con el fin de hacer propaganda de la monarquía. Con esto, Federico de Madrazo es nombrado pintor supernumerario de Cámara, cargo hasta entonces no conocido.

LA REYNA D.a M.a CRISTINA DE BORBON, / Durante la grave enfermedad que padeció en Septiembre de 1832 el Sr. Dn. FERNANDO VII. RE Y DE ESPAÑA / en el Rl. Sitio de Sn. Ildefonso, presentó al Mundo un exemplo del amor más puro y tierno á su Augusto Esposo, no separándose / ni de día ni de noche de su lado, suministrándole las medicinas y aplicándole con sus propias manos los demas remedios que los facultativos / indicaban ser necesarios en aquellos críticos momentos. / Este rasgo de amor conyugal se representa en esta escena.

F. de Madrazo (P), F. de Craene (L), El amor conyugal. Museo Nacional del Romanticismo, 1833

En julio del mismo año viaja por primera vez a París, donde conoce y retrata con lenguaje francés al barón Taylor (1833; Versalles, Musée National du Château de Versailles) y a Jean-Auguste-Dominique Ingres (1833; Nueva York, Hispanic Society of America). El barón Isidore-Justin-Severin Taylor, procedente de familia irlandesa, fue artista y director de grandes instituciones culturales francesas como la Comédie-Française (1825) o la Académie Française (1847). Además fue el autor, junto con Charles Nodier y Alphose de Cailleux de un compendio de patrimonio francés compuesto por 24 volúmenes que contenían litografías de artistas como Gericault, Isabey, Ingres o Viollet-le-Duc. 17 de estos volúmenes fueron dedicados a Federico de Madrazo, símbolo de la notable relación que mantuvieron. Gracias a este protector, Madrazo pudo entrar en el mundo francés, donde le esperaban retratos y medallas.

Su litografía, incluida junto a los grandes maestros del pasado, la fundación de la revista El Artista (fundada en 1835 y desaparecida en 1836) y su éxito lo inundan causándole una depresión. Por aquel entonces se casó con Luisa Garreta y Huertas, matrimonio del cual nacen Luisa, Rosa, Antonio, Raimundo, Isabel, Cecilia (casada con Mariano Fortuny) y Ricardo. Es importante introducir aquí El Gran Capitán recorriendo el campo de la Batalla de Ceriñola, que muestra una enorme evolución respecto a la obra anterior, La enfermedad de Fernando VII. Madrazo asimila el academicismo romántico europeo, realiza un correcto reparto de la luz y describe las figuras con un esmerado detallismo -presente en las espumas del corcel árabe- y todo ello sobre un fondo desolado. La pintura fue expuesta en la Academia de San Fernando y en el Salón de París. En ella, además de mirar a la pintura francesa con los cielos efectistas y el color brillante, quiere mostrar la tradición española con la versión histórica y el recuerdo de Las Lanzas de Velázquez y El entierro del Señor de Orgaz. En definitiva, la elegancia en la captación de modelos fueron gustosos para la pintura isabelina.

El Gran Capitán recorriendo el campo de la batalla de Ceriñola (1835), de Federico de Madrazo y Kuntz. Museo Nacional del Prado

Tras su estancia en Francia, el pintor viaja a Roma en 1840, donde dispone de un taller en el Palacio de España. Es en este país donde alcanzará su estilo más purista, influido por pintores alemanes nazarenos entre los que destacó Hann Friedrich Overbeck. Este estilo puede verse plasmado en Las Marías ante el Sepulcro (Reales Alcázares, Sevilla), última obra de peso argumental, con gran alarde en el modelado de paños y en la bella figura de la mujer que se esconde en los mantos.

Así como en Francia ha habido románticos y clásicos, aquí hay puristas y clásicos. Los puristas son Overbeck, Ingres, Minardi, el escultor Tenerani, etc etc, y a los que se llaman clásicos pertenecen Camuccini, Agricola, Solá, Mr Lemoyne, etc etc. Unos y otros están en guerra abierta, no se pueden ver ni sufrir […]. Los puristas tienen en sus filas hombres de más peso.

El año 1843 supuso un punto de inflexión en la vida de Federico de Madrazo. Su vuelta a España y su nombramiento como director de pintura de la Academia de Bellas Artes de San Fernando le hicieron abandonar la temática histórica y acoger el género del retrato. A partir de este momento Federico realiza retratos pusinescos, de superficies táctiles y virtuosismo realista, que le ponen en contacto con personas de la alta sociedad. En 1844 realiza el primer retrato maduro de Isabel II, aunque es en agosto de 1850 cuando inaugura su puesto de segundo pintor de Cámara con lapintura de La Reina Isabel II, con una sutileza especial ya que estaba destinado a presidir la Embajada de España ante la Santa Sede.

Isabel II por Madrazo

Sus retratos reúnen todas las claves con figuras vistas ligeramente desde abajo y con el manejo de cuerpos sutilmente idealizados. Muchas son las figuras de la aristocracia y la burguesía que reclamaron sus pinceles, tales como la Condesa de Teba, la Condesa de Saint Laurent, Francisco de Asís de Borbón y Borbón, Segismundo Moret y Quintana, la Condesa de Sástago, Carolina Coronado, Elizabeth Wethered Barringer, José Manuel de Goyeneche o, la más conocida, Amalia de Llano y Dotres, Condesa de Vilches (Madrid, Museo del Prado, Casón del Buen retiro). En este último retrato se desvía de su actividad profesional. El modo exclusivo de hacerla posar se descubre en el gesto de cercanía, el brazo desnudo, la calidez de la mirada, la transparencia de la luz a través de las plumas, la capacidad de seducción, etc.

En conclusión, nos encontramos ante un magnífico artista que fue capaz de dotar a sus obras de una gran calidad pero al mismo tiempo, le debemos agradecimiento por su implicación para con el arte. No podríamos ver el Museo Nacional del Prado como lo contemplamos ahora sin su acción comprometida. Un pintor con una visión cosmopolita, rara en el siglo XIX y única en el reinado de Isabel II, en el cual pocos fueron los que salieron de España y mantuvieron tales contactos.

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