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El templo hindú , el macrocosmos

Carlos Bonete Vizcaino


El templo hindú, con sus torres magmáticas, reproduce el fluir de la naturaleza. Antes de la llegada de los arios, en el segundo milenio antes de Jesucristo, las casas estaban decoradas con motivos vegetales, que surgían de un animal y daban lugar a un mismo tiempo a la fauna y, su vez, al hombre. Este principio dinámico y musical llega a su punto culminante en el templo hindú, con los frisos de bailarines, músicos, comerciantes, guerreros, animales, etc. La planta del templo se identifica, pues, con el ser humano, inscrito en una naturaleza que entra en erupción. Por eso, todos los relieves que la rodean dan la impresión de que la construcción va a explotar. El dualismo hombre-naturaleza viene definido por la necesidad de arte que tiene el ser humano y la de transformación que posee la naturaleza. Así, la necesidad actúa de hilo conductor y queda expresada en la arquitectura.
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Templo hindú
La naturaleza de la que hablamos bebe de árboles y animales. Es posible que el templo hindú tenga origen en el árbol sagrado, dador de vida y repleto de ofrendas. De ahí que la cumbre, aunque en piedra, se asemeje a lo frondoso. Estos árboles, de los cuales el más adorado es el Ficus religiosa, son cobijo de serpientes (en la mitología semidioses que adoptan su forma, llamados naga), por lo que la relación entre árbol, templo y serpiente es constante no sólo en la simbología sino también en la estructura. Son ellas las que protegen el templo y sus riquezas.
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Desde una visión teológica es importante tener en cuenta la concepción de la divinidad como un ser de costumbres idénticas al ser humano y que tiene como morada el templo. Con esto, los hindúes acuden a contemplar la divinidad, realizan la circunvalación en torno a ella, la adoran y depositan la ofrenda. Su estructura supone una yuxtaposición de cuadrados y triángulos que se recogen en los yantra,  representaciones a bolsillo del cosmos, los cuales establecen los diferentes procesos para la construcción del templo, pautado a partir de un crecimiento centrífugo que comienza en el ombligo del Dios (parte central de la torre) y se expande hacia los puntos cardinales. El espectador disfruta, por tanto, con una obra que entra en consonancia con su persona, hallada en el Universo. Éste es imitado por la mano del hombre que dibuja la totalidad, un microcosmos indivisible.
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Planta del tempolo hindú
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