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El mundo de Chema Madoz

Andrea Reyes de Prado
@AudreyRdP


Chema Madoz es uno de esos nombres que nos resultan conocidos e incluso familiares, que hemos oído alguna vez en alguna conversación, o leído fugazmente en un fugaz 20Minutos. Conscientes o inconscientes de quién dispara la cámara que las produce, todos hemos visto, estoy segura, más de una de sus fotografías. Éstas siempre producen asombro, curiosidad y una sonrisa extraña entre el agrado estético y la incomprensión. Porque Chema Madoz es más que un nombre y que una firma. Chema Madoz es un mundo, surrealista según algunos, realista-mágico según otros. Un mundo que posee todos los requisitos exigidos por nuestra imaginación para ser tratado, en ambos sentidos, como fantástico: diferente, misterioso, atractivo y, por supuesto, mágico.

Al igual que la entrada a Narnia es un gran armario de madera o la entrada al País de las Maravillas una madriguera; la puerta que nos lleva al mundo de Chema Madoz son sus propias fotografías. Pero, como buen mundo fantástico que es, no permite el acceso a cualquiera: sólo quien detenga sus pasos ante una fotografía y deje paso a su sensibilidad y libertad a sus sentidos, podrá deslizarse a la dimensión armónica y enigmática de Madoz.

Amantes fieles, admiradores y curiosos del fotógrafo tienen la oportunidad, hasta el 14 de marzo de 2015, de huir de la realidad durante una fracción de tiempo y conocer más de cerca parte de la producción del madrileño en la Galería Elvira González, situada en la propia capital. A lo largo de tres salas se exponen 35 muestras, realizadas, como ya es seña en el fotógrafo, en blanco y negro. La limpieza y diafanidad de las salas acompaña y complementa a la perfección al estilo de las creaciones de Madoz: fotografías sencillas, armónicas y en un perfecto equilibrio que, y aquí radica una de sus cualidades, no siempre es el lógico. La exposición invita al recogimiento y la reflexión, a descubrir la belleza de las fotografías e intentar desvelar lo que esconde cada una.

El curioso hecho de que Madoz nunca titule sus creaciones estimula más nuestra imaginación (y quizás, al mismo tiempo, también nuestra decepción al no poder estar seguros de la validez de nuestras teorías sobre el significado de las fotografías). Sus milimétricos encuadres y la inocencia que destilan los objetos inmortalizados nos advierten de que el mundo interior de Madoz está lleno de ideas, de inocencia y de una belleza peculiar. Posee una facilidad asombrosa de ver más allá de lo cotidiano, y de encontrar a sus objetos una función hermosa y diferente a la que los hombres les hemos adjudicado. Una función delicada, exacta y armónica. “Por eso sabemos que nos hallamos en un mundo de objetos (aún) imposibles: son demasiado puros para soportar la sucia realidad”, acierta Luis Arenas. Es ahí donde radica la magia de Madoz: recoge lo ordinario y lo convierte en extraordinario.

 

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Lugar: Galería Elvira González | calle General Castaños, 3, Madrid

Hasta el 14 de marzo de 2015

Horario: Lunes a viernes: 10:30 – 19:30 h. Sábados: 11:00 – 14:00 h.

Sitio web

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