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El ‘Divino Morales’, las azucenas y la Navidad

Andrea Reyes de Prado
@AudreyRdP


Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galiela llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David. El nombre de la virgen era María. Y, entrando, le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el señor está contigo”. (Lc 1, 26-29)

La Anunciación · Luis de Morales · Hacia 1565 · Óleo sobre tablaUna sencilla estancia, una breve conversación entre dos desconocidos y un discreto ramo de azucenas blancas. Afabilidad, armonía y paz en la escena representada. Calidez, uniformidad y, hasta cierta elegancia, en los colores y las formas en que dicha escena está representada. La Anunciación, uno de los pasajes de mayor carga emotiva, por su significado, que se narran en la Biblia; simboliza la entrega, confiada y absoluta, de una joven recién casada hacia Dios. Una entrega definitiva, que guarda tanto honor como responsabilidad conlleva. Luis de Morales (1510-186 aprox.), apodado y conocido como el divino Morales, pintó hacia 1565 ese encuentro entre el ángel Gabriel y María, ese especial momento en que se anuncia que ella dará a luz a un hijo, al que llamará Jesús; nacimiento que celebramos y conmemoramos hoy, día de Navidad.

Morales, pintor extremeño de gran calidad y marcada personalidad, añadió a la pintura un jarrón con azucenas blancas que se interpone, más con cordialidad que con recelo, entre ambas figuras. Se intuye, por su color y delicadeza, que simbolizan la pureza de María. Pero no suele saberse, por no ser tan relevante, que estas flores pertenecen a la familia de las liliáceas; plantas originarias del Mediterráneo, que pueden encontrarse tanto en territorios europeos como asiáticos, que florecen en verano, o que requieren de mucha luz y agua. Aunque se trate de datos anecdóticos, sí tienen su importancia, pues como las azucenas, y como María, así debemos ser también nosotros: personas cálidas, limpias en actos y conciencias. Que busquen la luz y el agua para los demás, y se entreguen a ellos con confianza y entusiasmo. La Navidad es la época del año en la que más reflexionamos en torno a nuestra vida, nuestras relaciones, nuestro futuro. Valoramos lo que hemos hecho, cómo lo hemos hecho, de qué errores vamos a aprender. Procuramos querer más a los nuestros, y estar cerca de ellos. Recordamos a quienes se han ido o de quienes nos hemos querido despedir, y agradecemos a quienes hayan llegado que nos permitan intentar ser, para ellos, una azucena. Empezar de cero, empezar bien; y entregarnos a su cuidado.

La Navidad también es siempre una fecha en la que, seamos o no creyentes, inevitablemente nos rodean mensajes cristianos que nos transmiten paz y una amable sensación de acogida y, por supuesto, entrega; que nos impulsan a ser mejores personas. Ese acercamiento a la religión, y a lo que ésta refleja y comparte, era una de las intenciones que Luis de Morales tenía muy presente cuando pintaba obras como La Anunciación.  No quería que el espectador se limitase a reconocer el motivo y a observarlo a través de sus pinceladas: quería que se acercase al cuadro, al lienzo; y tuviera muy cerca ese motivo, esa escena, ese diálogo. Que formase parte de él, y pudiera escucharlo y guardárselo para sí.

La Virgen de la leche · Luis de Morales · 1560-65 · Óleo sobre tablaEl Museo del Prado, tras muchos años de documentación, restauración y recopilación; ofrece una amplia muestra de la obra de El Divino Morales; apodo puesto por su primer biógrafo, Antonio Palomino, ya que el religioso era el tema que cultivaba, como muchos otros pero con un cariz especial, el pintor. Hasta el próximo 10 de enero de 2015, treinta y seis de sus pinturas podrán apreciarse, siempre muy de cerca, en las salas de nuestra pinacoteca. En palabras de Leticia Ruiz, jefa del Departamento de Pintura Española del Renacimiento y comisaria de la exposición, «Queremos reivindicarle, como en la exposición de 1917, pero con todo lo que ha pasado en este casi siglo de historia, en el cual hemos conocido mucho mejor la obra de Morales, muchos más documentos sobre él; podemos contar con mayor precisión quién fue Luis de Morales».

A través de cinco grandes bloques (Iconos perdurables, Del dulce pintar. En torno a la Virgen y el Niño, Pintura para muy cerca. Imágenes de pasión y redención, Narraciones complejas: los retablos y San Juan de Ribera y la espiritualidad de la contrarreforma), se recuerda y refuerza la figura de uno de los artistas españoles más importantes del siglo XVI, ensalzando sus obras religiosas y el detallismo y dedicación que ponía en su trabajo. En todo él, en cada pintura, como sucede con las azucenas blancas de La Anunciación; hay siempre algún detalle esperando ser descubierto. Igual que, las personas con las que convivimos, esperan siempre un detalle de nosotros. Por ser Navidad se recuerda; pero nuestra entrega y cariño debe durar siempre todo el año, aunque ahora, como las azucenas en verano, florezcan de forma más acuciada e intensa nuestras buenas intenciones.

La adoración de los pastores · Luis de Morales · 1565-70 · óleo sobre tabla

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