Home > Arte > El cielo de Laeken

El cielo de Laeken

Andrea Reyes de Prado
@AudreyRdP

¿Hay un vicio mayor para un pintor que el retocar su obra? Siempre se puede difuminar más una sombra, o dar más brillo a una armadura, o amanecer más un paisaje. El pincel se encapricha constantemente de algún detalle que pulir, nunca se colma, nunca se da por satisfecho.

En eso ha salido a su dueño. Quién te lo iba a decir, ¿eh, viejo amigo? Inmortalizando al mismísimo Felipe IV, quien en un principio se había mostrado reacio a tu llegada y quien poco después te nombró Secretario del Consejo de Flandes y te confió las negociaciones con Inglaterra. Ahora, cuando termines la obra, ésta se instalará en el salón más representativo del Alcázar de Madrid, sustituyendo al retrato ecuestre firmado por un joven Velázquez. Será sólo el inicio de un gran número de encargos por parte del rey, lo cual te convertirá en su favorito. Rubens, el pintor del rey.

Pero, para ello, primero debes concluir tu trabajo. ¿Qué puede faltarle? Has conseguido equilibrar todos los aspectos que se tambaleaban en el boceto: un rostro que transmite serenidad y seguridad, el caballo en corveta, las figuras alegóricas, el movimiento, los colores… Y, sin embargo, sabes que aún no está listo.

"Felipe IV" - Rubens¿Será el cielo, quizás? Lo miras atentamente, y cuanto más te acercas, más te das cuenta de cuánto echas de menos el cielo de Laeken. La casita de campo, la misa por la mañana, los paseos a caballo por los alrededores de tu Amberes, tu esposa Isabella… La tristeza que te provocó su muerte te llevó a España e Inglaterra, a ejercer de misionero diplomático y en busca de aquello que algunos llaman olvido.

Ahora quien llama es un niño. Tras un inocente golpecito sobre la madera, entra al salón de puntillas y con la mirada curiosa. Va propiamente vestido, sin duda pertenece a la Corte. Te recuerda a ti mismo, rodeado desde joven de un ambiente culto. Le animas a acercarse, y, ya relajado, corretea dejándose la puerta abierta. Sonríes. Nicolás, el pequeño, siempre ha tenido esa costumbre.

¿Qué será de ellos? De pronto te envuelve el silencio y la nostalgia. Tus hijos, huérfanos de madre y, en ocasiones, también de padre. En apenas un instante te cuestionas si estás siendo para ellos una figura ejemplar. Has aunado como ningún otro talento artístico, éxito social y económico y un alto nivel cultural. Has sido discípulo de Van Veen y maestro de Jordaens y Van Dyck. Has tenido éxito en las grandes cortes de Europa.

El niño mira a Felipe IV, y Felipe IV te mira a ti. ¿Eres tan ejemplar por dentro como lo eres por fuera?

– El caballo de mi padre se parece mucho a éste. Pero él tiene una mancha blanca en la frente.

Dicho esto, el muchacho da media vuelta y se va, dejando la curiosidad dentro y la puerta abierta.

Continúa el camino...
Libros para cuando navegar
Cartas desde Alejandra Pizarnik
Vincent
De PHotoESPAÑA, su delicadeza

Deja un comentario

Este sitio emplea cookies propias y de terceros para mejorar su calidad. Si continúa navegando o utiliza el scroll de navegación vertical, aceptará implícitamente el uso de Cookies. Puede consultar más datos en nuestra Política de Cookies

Las opciones de cookie en este sitio web están configuradas para "permitir cookies" para ofrecerte una mejor experiéncia de navegación. Si sigues utilizando este sitio web sin cambiar tus opciones o haces clic en "Aceptar" estarás consintiendo las cookies de este sitio.

Cerrar