Home > Arte > Dedicado al arte I

Dedicado al arte I

Fernando Bonete Vizcaino

Tal vez sea una de las más altas cualidades del arte la variedad de significados que de la contemplación de una obra en concreto se pueden extraer. Porque, qué es el arte sino comunicación, y qué es la comunicación sino un código. Constituido por el más amplio elenco de significantes, el conjunto de elementos lingüísticos, visuales o sonoros (o todos a la vez) dotan al discurso artístico de un mensaje tan lleno y rico en matices que del esfuerzo intelectual del receptor en su particular encuentro con la obra maestra depende su descodificación. Particular, porque habiendo tomado en cuenta estos, y no aquellos, o unos, y no otros significantes, forjará para sí un significado único. Que este significado sea más o menos universal, o incluso que responda o no a la verdad, es asunto muy diferente, pues la observación e inteligencia, la descodificación, precede en todo al juicio formal.

Pero tomemos ahora el cauce de la experiencia, a través del cual comprobaremos los diferentes campos semánticos que esperan a ser descubiertos entre los pilares de la estructura artística, en este caso pictórica. Adoptamos para ello la obra Dedicado a mi prometida de Marc Chagall. La elección se debe a la ocasión que brinda la exposición de esta pintura en la muestra dedicada al artista bielorruso que hace poco celebraba el Museo Thyssen-Bornemisza, como también a la sorpresa con que acogí la principal interpretación que la generalidad ha ofrecido del cuadro.

La crítica coetánea vio en este óleo sobre lienzo de 1911 toda una alegoría al erotismo de los amantes y un canto al abierto deseo entre el pintor y su por entonces novia Bella Rosenfeld. La autorepresentación de Chagall como animal se entendió como alusión al instinto, y la abstracta y provocativa postura de la figura femenina como acogida sexual del macho cornudo, intercambio de miradas cómplices y fluidos incluido. Esta interpretación erótica y pasional ha quedado fijada desde entonces en el imaginario colectivo a la manera de fetiche iconográfico, también freudiano, sin dar oportunidad a segundas miradas sobre el lienzo. ¿Y si nos permitiéramos el beneficio de la duda? ¿Y si nos asomáramos al fastuoso colorido de Chagall y sus formas dotadas de intensidad vital con otros ojos? Otros significados son posibles tomando en cuenta otros significantes. La descodificación, lo hemos indicado, es personal, es única, original y alejada de clichés. Antes de ofrecerles la mía ¿se atreven a mirar?

Continúa en Dedicado al arte II 

Continúa el camino...
El «Vatel» neoclásico de Roland Joffé
Flores, vacíos y silencios para Mucha
Matemática y onírica Maruja Mallo
Vincent

2 Responses

  1. Ignace

    Desde luego que este cuadro de Chagall ofrece muchas dudas con respecto a la interpretación que se ha dado. Buscar a Freud siempre es fácil aunque y termina por ser bastante aburrido. En todo caso yo empiezo por la figura central, que es ese toro amarillo, alegoría del propio pintor. Es evidente que es la figura central, sobre la que gira y se apoyan el resto de motivos. Desde luego puede tener algo de erótico, pero sólo después, como una consecuencia atenta de una minuciosa observación. Este toro, ante todo, acodado sobre lo que parece ser su escritorio, me parece embelesado. Se encuentra sumergido en una agradable cábala que le envuelve en todo su ser. Alrededor de su vencida figura vemos del revés un rostro de mujer que parece salir a su vez, de forma sugerente y un tanto desconcertante, de una especie de brazo de masculino metido en un traje y dos piernas que podríamos suponer femeninas. Este toro se delecta con la mujer amada. Quizá el cuadro también nos hable del futuro y del sentido de esta delectación pues el hombre, con su mano derecha, parece estar tocando una especie de figura fálica en cuya base comunica con otro recipiente entubado que se pierde fuera del cuadro. Mi hipótesis es que ese tubo vuelve a conectarse fuera del lienzo -allí donde el espectador no está autorizado a ver-, para volver a aparecer abajo a la izquierda en otro conducto más desdibujado que desemboca de nuevo en el cuadro para traer algo vivo y diferente. Buenos trazos del mismo amarillo que el de la cara del toro están en esa figura extraña y vemos de hecho que uno de los círculos del mismo color que identificamos con el resto del hombre, el rojo, es en el que se pintan lo que parece ser un óvulo y un espermatozoide. Es ya un hecho nuevo, una nueva vida.
    No hay que olvidar que el cuadro está dedicado “a mi prometida” y no a una amante o a una esposa. Habla también de un porvenir. Un más allá en el que la unión trae algo nuevo. Con todo lo dicho, este lienzo podría ser hasta un regalo de bodas de Chagall, tratando de hacer ver a su futura mujer lo que, como novio, ésta le hace sentir y, a la vez, lo que como esposo espera de la unión. Podríamos hasta decir que, si por cabeza el pintor se ha retratado como un toro amarillo, es para intensificar aún más ese desgarro contenido del marido para la noche de bodas.

  2. Ignace, tu interpretación me gusta por dos motivos. El primero es que es diferente a la que yo mismo he realizado en la segunda parte del artículo (http://goo.gl/sLMX3).

    El segundo es que, a la vez, ambas tienen un punto de unión, y es que la referencia que haces a “una nueva vida” podría enlazar perfectamente con la alusión que yo veo en el buey a Zacarías.

    ¡Gracias Ignace!

Deja un comentario

Este sitio emplea cookies propias y de terceros para mejorar su calidad. Si continúa navegando o utiliza el scroll de navegación vertical, aceptará implícitamente el uso de Cookies. Puede consultar más datos en nuestra Política de Cookies

Las opciones de cookie en este sitio web están configuradas para "permitir cookies" para ofrecerte una mejor experiéncia de navegación. Si sigues utilizando este sitio web sin cambiar tus opciones o haces clic en "Aceptar" estarás consintiendo las cookies de este sitio.

Cerrar