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Dafne

Julio González

Marisa de Toro Hermoso
@marisadetoro

¿Quién fue Julio González? Este artista barcelonés nació en 1876 y falleció en 1942 en Arcueil (Francia), exiliado. No es casualidad que provenga de una familia de orfebres y de trabajadores del hierro: la inclinación de González por este material y estas técnicas se debe a la formación recibida en el seno de su propio hogar. De hecho, con dieciséis años, Julio y uno de sus hermanos recibieron dos premios: bronce, y el oro en Barcelona por unos trabajos hechos a base de hierro, principalmente.

En estas primeras obras de juventud ya se aprecia el trabajo artesanal y cercano de la obra: el mimo de los materiales significa la perfección en el trabajo escultórico de González: el artista debe estar en la fragua del hierro, porque ahí continúa la inspiración creadora, durante cada paso del proceso.

En 1900 marchó a París y allí se instaló, en contacto permanente con los autores vanguardistas del momento y de todo género: no sólo los escultores formaban parte del círculo de amistades y relaciones de González, sino que trataba con escritores, pintores, filósofos, arquitectos… De hecho, Julio González bebió profundamente de la pintura que uno de sus paisanos, Pablo Picasso, estaba experimentando junto con Braque: el cubismo.

Más tarde, González realizará obras pictóricas, pero por lo que ante todo el cubismo marcó una huella en él y en su creación fue porque, desde él, desde la multiplicación de los puntos de vista del objeto representado, pudo pasar a la abstracción. Al igual que Picasso y Braque, obviará el mimetismo; González es un buen vanguardista y deja atrás la figuración propia de la formación académica de movimientos anteriores, esencialmente mimética de la realidad.

Julio González, tras unos años de sequía en su obra, que no se traduce en una ausencia de creación, sino todo lo contrario, aprende a abstraer las formas y deja sólo la esencia de aquello que forja con sus manos. La reflexión temporal ha dejado paso a una riqueza presente, entre otras obras, en Dafne.

"Dafne" - Julio GonzálezComo catalán, González está muy vinculado a sus orígenes locales y regionales, y a ellos le unen las tradiciones y costumbres sociales y la religiosidad propia de la cultura donde se ha formado (forjó varias representaciones de la Virgen de Montserrat). Así, Dafne, obra tardía, de senectud, se enmarca en este contexto de alineación con el clasicismo, germen de la civilización occidental (y dentro de ella, el pueblo catalán) que tanto ama González.

En esta obra, realizada en 1937 y actualmente conservada en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, se aprecia este paso, este cambio de visión del objeto: la ninfa Dafne transformándose en el árbol del laurel mientras es perseguida por el dios Apolo. De un sólido basamento, que representa las raíces hundidas de los árboles en la tierra, emergen, estilizándose a lo largo de la materia que la componen, las piernas, el tronco y el resto del cuerpo de la ninfa. Las extremidades inferiores se nos presentan plenamente cubistas, siendo cada una de las partes soldadas que la componen, un plano distinto de esa realidad, vista desde varios puntos, distintos entre sí.

Desde entonces, aparte de la multiplicidad de planos que se observa asimismo en la cabeza de la figura, la abstracción domina la obra, mostrando el tronco mediante un sólido bloque de hierro forjado que, gracias a la textura plástica y muy atractiva sensorialmente, da al cuerpo de Dafne la expresividad necesaria para ver en él la rugosa textura del tronco de un laurel.

Introdujo González un nuevo concepto espacial que es esencial para la comprensión de la obra. Dafne no se entiende sin el valor del vacío. González aporta a la vanguardia, a la escultura, una definición de este valor. Es decir, le da una categoría positiva, cuando siempre fue la sola ausencia de espacio.

No. El vacío no es simplemente la negación de la materia. Para González, el espacio debe contar con el vacío, porque sólo mediante él, con las calculadas ausencias de materia, entendemos cómo el personaje mitológico se transforma poco a poco en un vegetal. El alejamiento del mimetismo es tal, que ya ni siquiera la materia es necesaria para expresar la esencia, la idea, que se buscaba.

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