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Conociendo un poco más a Salvador

Jorge Velasco Fernández
@JorgeVF88

Desde que se anunció comenzaron a correr por mis venas esas sensaciones que no eran más que las ganas de acudir corriendo a ver la exposición que el Museo Reina Sofía de Madrid, junto con el Centre Pompidou de París, habían preparado acerca de Salvador Dalí bajo el título: “Dalí. Todas las sugestiones poéticas y todas las posibilidades plásticas”. Sin embargo, no fue posible por cuestiones de agenda (y de cola –porque daban la vuelta al centro artístico-) cuadrar un día hasta que llegase el verano. Aun así, el día que acudí tuve que esperar religiosamente una hora de lento avance hacia la taquilla del ya citado museo.

Dalí no sólo está dentro del Reina Sofía. Durante la espera ya se palpaba un ambiente un tanto peculiar, asemejado si me permiten con el pensamiento del artista. No estaba del todo cómodo. El artista se hizo de rogar, y en el momento previo los nervios acuciaban y la gente se ponía tensa: querían entrar ya al museo. Al final, tras conseguir el ansiado tique y depositado las pertenencias de valor en una taquilla, uno de los ascensores nos elevó hasta la tercera planta para dar comienzo al encuentro con el enigmático y particular artista.

Salvador Dalí

Desde sus primeras obras podemos ir viendo a ese hombre visionario, estudioso del cuerpo humano en todas sus facetas, y promotor de su figura de forma deliberada y muy minuciosa, calculada; quizás no para todos, pues no todos le entienden.

Avanzando por las salas y pasillos del Reina Sofía, viendo las obras de Dalí, uno se da cuenta de que el artista buscaba malinterpretar el mundo visual. De ahí surge el método por él mismo inventado, el paranoico-crítico, el cual marca gran parte de la obra que está expuesta con piezas como Enigma sin fin, El gran masturbador, El retrato de Joella o La persistencia de la memoria. Este último es su famoso cuadro de los relojes blandos que a muchos de los visitantes decepciona por sus pequeñas dimensiones (24cm x 33cm). Aunque quizás, donde mejor se ve el reflejo de este método es en la obra El Ángelus, su visión o visiones particulares de la obra de Jean François Millet y que Dalí versiona de muy diversas maneras.

Sin duda, El Ángelus lo marcó sobremanera, pues no sólo es versionado sino que está presente en otros trabajos del propio pintor. En muchos de los retratos que se muestran aparece de fondo. Gracias a esta obra podemos comenzar a ver también otras facetas artísticas del genio de Figueras, pues nos lleva al cubismo de corte analítico-sintético, a creaciones neoimpresionistas, y hasta el mismo realismo, con las obras en las que recrea su pueblo, Cadaqués, y a su hermana Ana María.

Quizás el momento más bello de la visita se dio en la habitación donde se exponen sus obras no surrealistas. Pero el público de la exposición no lo admira, se pierde en el morbo de las figuras fálicas y putrefactas que Dalí muestra en sus paranoicos óleos. Las muecas, las medias sonrisas pícaras, los comentarios a modo de chascarrillo y las descalificaciones de loco y guarro se apilaban en el contador de los espectadores.

¿Era lo que quería Dalí? ¿Qué le llamasen guarro, loco o soez por haber hecho semejantes obras? Lo dudo mucho, pero me he de posicionar justo en medio de aquellos que le critican para mal y los que alaban su figura. Tras haber visto la exposición, y haber conocido un poco más al enigmático Salvador Dalí, percibo que fue un artista muy particular que pudo llegar a ser mucho más de lo que fue, y haber hecho obras grandiosas si hubiese sido un poco más constante.

Algunas piezas muestran esas ganas por innovar, pero pronto la precocidad y mediocridad empañan su trayectoria. Así era Dalí, no hay que darle más vueltas ni buscar una explicación. Por eso cuenta con los extremos de la alabanza y la detracción… ¿Usted, en qué bando se encuentra? Yo propongo la neutralidad. Hasta el 2 de septiembre tiene tiempo para posicionarse y para discutirme. Si era un tipo obsesionado con los rinocerontes, como le muestra Woody Allen en su película Midnight in Paris, o si lo era de los caballos, como he podido observar en sus obras…

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2 Responses

  1. ricardo

    Resuelvo que se pronuncia Vd. con notable atrevimiento al juzgar al artista de Figueras, situándole por debajo de lo que pudo llegar a ser a falta de obras grandiosas .
    Claro, como en la exposición, no están por ejemplo ” La sagrada cena” o “El cristo”, deduzco que para Vd. Dalí, es lo que hay en el R. Sofía y poco más esparcido por ahí. Me revela también el corte de su opinión que, de arte (con perdón) va algo justito. Sin acritud, un saludo

    1. Querido Ricardo, como habrá podido comprobar, de arte voy algo justito, pero no me pida perdón, usted juzga sin miramiento mi artículo como yo al artista.

      Espero que no le haya molestado el tono de crónica periodística y la cercanía que me he permitido. Como verá, un periodista debe juzgar lo que ve, no lo que falta en el sitio al que acude para narrar lo que vive.

      Al margen de este pequeño apunte, coincido en que Dalí tiene grandes obras, algunas estaban en la exposición, y otras, tristemente faltaban, como las mencionadas por usted.

      Por último, permítame que me gusten más otros artistas y géneros, no se puede con todo en la vida.

      Un saludo.

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