¡Vikingos!

31/05/2013

Antonio Miguel Jiménez Serrano

Nos adentramos en uno de los temas más apasionantes de la Historia universal. Sí, universal, no europea, ni de la Alta Edad Media. Universal. El fenómeno de los vikingos no fue únicamente una serie de razias que llevaron a cabo hombres llegados del más lejano norte; salvajes y sanguinarios piratas que en su interior sólo albergaban el deseo de guerrear y saquear. Dicho fenómeno llevó consigo toda una serie de consecuencias, para Europa y para los mismos escandinavos. Además, la historia de los vikingos despierta un sentimiento de curiosidad innegable en todos nosotros, sobre su cultura y religión, sobre su política y economía, su navegación y sus tácticas de pillaje… Todo, de los vikingos interesa todo.

Jarl vikingo y sus hombres

Debemos empezar, pues, diciendo que la situación geográfica de esta serie de pueblos germánicos se concentraba en las costas danesas, noruegas y suecas, pudiendo distinguir, a su vez, varios pueblos de vikingos que bien podrían asociarse a dichos lugares. Por una parte se encontraban los daneses y noruegos, denominados posteriormente normandos, y por otra los suecos, llamados varegos, especialmente interesantes, ya que de allí procede el pueblo godo, y el visigodo a su vez, divididos éstos en gautas y svear.

Bien es verdad que la fama que los mismos vikingos se forjaron en su tiempo ha jugado una mala pasada en su nombre y recuerdo histórico, y por ello hemos de atender a diversas razones para no caer en los tópicos de siempre. El fruto de las actuaciones vikingas fue, en mi opinión, lo más lógico y natural que podía pasar. Un pueblo comerciante y marítimo, no cristianizado (muy importante esto) que crece, y que lógicamente va aumentando sus miras hasta el punto de encontrar una sociedad distinta, de la que puede sacar provecho.

DrakkarEn el caso de los varegos (suecos), de carácter más comerciante podríamos decir, se dio la ventaja de las rutas de comercio mediante las largas vías fluviales de la Europa más septentrional. Ríos como el Dniéper o el Don que desembocaban en territorios bajo la influencia del todavía rico y poderoso Imperio bizantino. Todo este vasto territorio, que había sido testigo de las correrías de Atila, la llegada de pueblos esteparios y, posteriormente, de los eslavos, no poseía ningún interés para los varegos, si bien fue necesario establecer puestos comerciales por motivos claramente logísticos que terminarían convirtiéndose en importantes ciudades varegas como Novgorod, Smolensko, Rostov y Kiev ya en torno al 900. Ésta última sería la capital del primer principado varego en la zona, el de Kiev, que más tarde se llamaría Rus de Kiev, la primigenia Rusia. Estos reinos se entendieron a la perfección con Bizancio, gracias a los que se convirtieron al cristianismo, y a los que, en muchas ocasiones, sirvieron como mercenarios (Guardia Varega).

Yelmo vikingoPor otra parte, el caso normando se desarrolló de otro modo. Si bien es verdad que también comerciaban, está claro que vieron una ventaja mayor en el pillaje, como es lógico. Pero esto se vio propiciado por una serie de factores. En el caso varego, el largo camino hasta Bizancio carecía de interés pirático, pero ¿qué encontraron los normandos en el Occidente europeo? Un Imperio en decadencia, reinos débiles y normalmente en conflicto con sus vecinos, y lugares sacros, monasterios principalmente, protegidos por hombres que no luchaban, los monjes. Los normandos cayeron sobre los monasterios ingleses e irlandeses como una plaga de langostas ante el floreciente grano, y lugares de oración y cultura como Lindisfarne (Gran Bretaña) o Kells (Irlanda), fueron prácticamente borrados del mapa. ¿Pero qué podía esperarse de unos hombres cuya cultura se basaba en el honor guerrero, el favor de Odín ante la batalla y la entrada al Valhala? Ante esta visión de grandes oportunidades, los vikingos noruegos y daneses comenzaron a establecerse por Inglaterra e Irlanda, y más tarde también en el continente cuando, tras sitiar la propia ciudad de París, Carlos III de Francia concediera al caudillo Rollo el territorio que a partir de ese momento se denominaría Normandía, y que sería el corazón y el alma de la Edad Media europea.

Los normandos llevaron a cabo otras expediciones arribando sus drakkars en lugares como Galicia, donde fueron increíblemente derrotados por las tropas astures de Ordoño I, o la Sevilla emiral de Abd al Rahmán II, que saquearon a placer durante siete días, además de Sicilia, donde incluso fundarían un reino. Es interesante hacer notar que las incursiones vikingas, remontando ríos con sus prácticos barcos y atacando por sorpresa, fueran una de las causas del “encastellamento” que originó la Europa de los castillos.

El fenómeno vikingo, enmarcado en las Segundas Invasiones, si bien fue un elemento exógeno que nada tenía que ver con el mundo carolingio ni bizantino, hay que decir que desarrolló una impresionante adaptación en todo al nuevo mundo que le rodeaba, llegando a originar potencias con un carácter tan fuerte como la normanda y la rusa. 

Barco vikingo

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